Ciudad Universitaria vivió una noche de emociones al límite, de esas que se quedan grabadas en la memoria del fútbol mexicano. Pumas estuvo muy cerca de escribir una de las páginas más heroicas de su historia reciente, pero Cruz Azul resistió, reaccionó y terminó por dar el golpe definitivo en tiempo de compensación para vencer 2-1 a los universitarios y coronarse campeón del Clausura 2026.
El ambiente en el Olímpico Universitario era de final grande. La afición auriazul empujaba, creyendo en el sueño de ver a su equipo levantar el título en casa, mientras Cruz Azul llegaba con la presión de resolver una serie que se había pintado cuesta arriba. El arranque fue celeste. La Máquina tomó la iniciativa, salió con determinación y puso a trabajar desde temprano a Keylor Navas, que respondió con seguridad en los primeros avisos de Rodolfo Rotondi y Agustín Palavecino.
Pumas, sin embargo, no tardó en acomodarse. Poco a poco equilibró el encuentro y comenzó a encontrar espacios, sobre todo cuando pudo salir con velocidad por las bandas. El primer gran aviso de los universitarios llegó con un disparo de Rodrigo López que obligó a Kevin Mier a lanzarse con reflejos. Ese intento fue el preludio del momento que encendió CU: al minuto 30, Robert Morales tomó el balón en una transición ofensiva, y después de varios rebotes fortuitos acomodó el cuerpo y soltó un disparo seco, potente, de esos que no admiten discusión. Golazo. El estadio explotó con el 1-0 y la ilusión auriazul tomó fuerza.
Cruz Azul no perdió la cabeza. Siguió insistiendo, mantuvo la posesión y trató de responder con llegadas por dentro y disparos de media distancia. Pumas, por su parte, apostó por sostener la ventaja con orden y aprovechar cualquier contragolpe. El duelo se volvió intenso, friccionado y lleno de tensión, como corresponde a una final que se jugaba cada pelota como si fuera la última.
En el arranque del segundo tiempo, Pumas incluso llegó a celebrar lo que pudo ser el segundo, pero el gol fue anulado por una mano previa de Juninho. Esa acción cambió el pulso del partido. Cruz Azul entendió que no había margen para esperar más y adelantó líneas. La recompensa llegó al minuto 54, en una jugada de insistencia y talento: Charly Rodríguez filtró el balón, Rotondi metió el centro y, en el intento por cortar la jugada, Rubén Duarte desvió la pelota hacia su propia portería. El 1-1 cayó como un balde de agua helada para los locales.
A partir de ahí, el partido se volvió una batalla emocional. Pumas perdió a Adalberto Carrasquilla por lesión y también a Rubén Duarte, mientras Cruz Azul sufría sus propios contratiempos físicos. Pero el golpe más duro para los universitarios llegó al final. Uriel Antuna vio la roja tras una fuerte entrada revisada por el VAR, y Pumas quedó con un hombre menos en el peor momento posible. Ya en el tiempo agregado, con el desgaste encima y la tensión al máximo, Rodolfo Rotondi encontró el rebote dentro del área, se perfiló de media vuelta y soltó el disparo que terminó por romper el corazón de CU.
Era el 2-1. Era el título. Era la décima estrella de Cruz Azul.
La Máquina supo sufrir, esperar y golpear en el momento exacto. Pumas, en cambio, se quedó a un paso de la hazaña y terminó pagando caro los errores, las lesiones y la inferioridad numérica en el cierre. En una final de infarto, la historia volvió a inclinarse del lado cementero, que salió de Ciudad Universitaria con el campeonato en las manos y con una noche inolvidable para su afición.