El último ensayo antes de la Copa del Mundo

A menos de 90 días del inicio de la Copa del Mundo 2026, la preparación de la Selección Mexicana contrasta de forma evidente con la de sus rivales de grupo. Mientras el equipo dirigido por Javier Aguirre apuesta por medirse ante potencias como Portugal y Bélgica, selecciones como Sudáfrica y Corea del Sur han optado por una estrategia completamente distinta: prepararse enfrentando “espejos” futbolísticos.

Sudáfrica, por ejemplo, ha decidido medirse en dos ocasiones ante la Selección de Panamá. No es casualidad. El conjunto canalero, por estilo, intensidad y características físicas, guarda ciertas similitudes con lo que representa México en la zona de CONCACAF. Es decir, los africanos no buscan el reto máximo, buscan referencias reales. Equipos que les permitan simular escenarios cercanos a lo que vivirán en fase de grupos. Es una preparación más táctica que mediática.

Por su parte, Corea del Sur ha llevado esa lógica incluso más lejos. El conjunto asiático enfrentará a Costa de Marfil, pensando directamente en el duelo que sostendrán ante Sudáfrica en el Mundial, y posteriormente a la Selección de Austria, en un intento por anticiparse al rival europeo que completará el grupo, que podría ser Dinamarca o la República Checa. Es una planificación quirúrgica: cada partido tiene un propósito claro.

Ahí es donde aparece la gran pregunta: ¿México está preparando el Mundial… o está midiéndose para la foto?

Porque enfrentar a selecciones como Portugal o Bélgica eleva el nivel competitivo, sí, pero también cambia completamente el contexto. Son rivales que te exigen desde la posesión, desde la jerarquía individual, desde un ritmo que difícilmente encontrarás en tu grupo. Son pruebas de élite, pero no necesariamente representativas de lo que será el camino en la fase inicial.

El argumento a favor es evidente: si quieres competir contra los mejores, tienes que jugar contra los mejores. Y en ese sentido, Aguirre está buscando respuestas reales ante escenarios de máxima exigencia. Quiere saber si su equipo puede resistir, si puede competir, si puede sostener un partido ante futbolistas de talla mundial. No hay simulación, hay realidad.

Sin embargo, también existe un riesgo claro. México llegará al Mundial con menos ensayos “específicos” que sus rivales directos. Mientras Sudáfrica y Corea del Sur estarán más familiarizados con estilos similares entre sí, el Tri podría enfrentar una curva de adaptación más pronunciada en pleno torneo.

Y ahí es donde las bajas también juegan un papel determinante. Sin futbolistas como Edson Álvarez, Santiago Giménez o Marcel Ruiz, el equipo pierde estructura, variantes y peso específico. En ese contexto, figuras como Raúl Jiménez asumen aún más responsabilidad dentro de un grupo que todavía busca su versión definitiva.

El contraste es claro: unos afinan detalles, otros buscan respuestas.

Y no hay una fórmula correcta.

Pero en torneos cortos como el Mundial, donde el margen de error es mínimo, la preparación no solo se mide en la dificultad de los rivales… sino en la utilidad de cada partido.

México eligió el camino más exigente.

El tiempo dirá si también fue el más inteligente.

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