Fernando Samayoa se queda en Gallos femenil

En un entorno donde la inestabilidad suele dictar el ritmo del futbol mexicano, Gallos Femenil ha decidido apostar por la continuidad. Fernando Samayoa seguirá al frente del equipo, respaldado por la directiva y, sobre todo, por un vestidor que ha encontrado en él una figura de equilibrio en medio de una liga cada vez más exigente y desigual. La renovación tácita de su confianza no es solo un mensaje hacia dentro del club; también es una declaración pública de que Querétaro quiere construir algo con calma, aunque la calma haya sido un lujo poco frecuente.

Álvaro De la Torre, Chief Sporting Officer del club, lo dejó claro: el proyecto seguirá encabezado por Samayoa y, más importante aún, la directiva está obligada a brindarle más herramientas si pretende que este ciclo trascienda. El discurso ya no puede quedarse solo en buenas intenciones. El equipo requiere inversión real, fichajes puntuales y una estructura que respalde a un entrenador que, con muy poco, ha conseguido mantener la competitividad durante un año complejo en lo emocional, en lo deportivo y en lo administrativo.

Samayoa ha sido, en cierto sentido, el pegamento que ha mantenido unido a un plantel que volvió a enfrentarse a lesiones clave, bajas prolongadas y desbalances estructurales frente a rivales con presupuestos abrumadoramente superiores. Aun así, el equipo mostró orden, compromiso y una idea reconocible. No siempre alcanzó para sumar puntos, pero sí para confirmar que el problema del Querétaro Femenil no pasa por el banquillo: pasa por las herramientas disponibles para competir.

La decisión de sostener este proceso también envía un mensaje de madurez institucional. En temporadas recientes, Gallos ha caído en el vaivén de proyectos fugaces que no terminaban de cuajar, muchas veces por falta de respaldo económico o por expectativas desalineadas con la realidad presupuestal del club. Samayoa, por el contrario, ha logrado construir, dentro de lo que le permite la estructura, una base sólida, un núcleo comprometido y una identidad que no se improvisa. Hoy, cuando otros equipos anuncian bombazos, Gallos opta por conservar lo que funciona y trabajar desde ahí.

Pero la continuidad, por sí sola, no alcanzará. Samayoa se queda, sí, pero no puede quedarse solo. El plantel necesita un impulso profundo: refuerzos que respondan a las necesidades del esquema, jugadoras que eleven el nivel competitivo interno, perfiles ofensivos que rompan los episodios de sequía que marcaron el torneo, y una defensa que deje atrás las goleadas que condicionaron la narrativa del semestre. Un proyecto sin inversión está condenado a repetir sus propios límites, por más talento que exista en el banquillo.

La verdadera prueba comienza ahora. Querétaro tiene, en su cuerpo técnico, la parte más estable del rompecabezas. Lo que falta es todo lo demás: una apuesta decidida desde el escritorio para llevar al equipo a un siguiente escalón. Si el club quiere abandonar definitivamente la pelea por sobrevivir y empezar a competir por algo más que dignidad, esta es la ventana para hacerlo.

Samayoa permanece no solo porque sea la opción más lógica, sino porque representa una oportunidad que Gallos no puede darse el lujo de desperdiciar. A partir de aquí, la responsabilidad recae en la directiva: respaldar, invertir y sostener un proyecto que ya demostró que, con muy poco, puede acercarse a escenarios impensables. Ahora toca averiguar qué puede lograr si, por fin, se le da ese “más” que tanto se ha postergado.

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