Un amargo final en casa

Hay derrotas que pesan más que otras. No por el marcador, sino por el contexto, por el momento y por lo que simbolizan. Este último partido en casa no fue uno más para Gallos Femenil, fue un espejo crudo de lo que ha sido toda la temporada: errores puntuales, falta de contundencia y un equipo que, pese a tener corazón, no logró conectar con su mejor versión. La Máquina Celeste de Cruz Azul aprovechó cada espacio, cada desajuste y cada duda para firmar un 1-4 que dolió más allá de los tres puntos perdidos.

El primer golpe llegó temprano. Un centro sin demasiada intención terminó en el fondo de las redes tras un desvío infortunado de Yadira Toraya. Fue un gol que, más que abrir el marcador, pareció abrir viejas heridas en un equipo que ha tenido que remar contracorriente durante todo el Apertura 2025. Minutos después, Cruz Azul olió sangre y atacó sin piedad: un pase filtrado rompió líneas y Gutiérrez definió con frialdad para poner el segundo. Apenas un cuarto de partido y Gallos ya estaba contra la lona. El tercero, de tiro de esquina, terminó de desnudar las carencias defensivas.

La reacción llegó tarde, aunque con orgullo. Sarahí Ceceña, con velocidad y determinación, descontó para dar un pequeño respiro a la tribuna, que nunca dejó de alentar. Pero el último suspiro del encuentro trajo consigo el golpe final: un cuarto gol visitante que selló una derrota dura, simbólica y dolorosa.

Este adiós en el Estadio Olímpico no fue el cierre soñado. Gallos Femenil se despide de su gente con la misma sensación que acompañó gran parte del torneo: la de estar cerca, pero no lo suficiente. El equipo queretano se queda con 13 unidades a falta de un partido por disputar, en una campaña que, aunque tuvo destellos de esperanza, estuvo marcada por la irregularidad.

La derrota ante Cruz Azul escenifica una temporada que comenzó con expectativas moderadas, con fichajes que prometían un cambio de ritmo, pero que terminó convertida en un camino cuesta arriba, con lesiones, desconexiones y poca recompensa en la tabla.

No todo fue oscuridad. Hubo momentos que recordaron lo que este equipo puede ser cuando encuentra cohesión: la victoria ante Pumas con goles de Lady y Alexa, el triunfo sufrido ante Necaxa, el debut emocionante de Alemany y la entereza de una capitana de hierro como Vanessa Hernández, que mantuvo la calma en medio de la tormenta. Sin embargo, la realidad fue clara: Gallos no encontró consistencia, cada paso hacia adelante vino acompañado de un tropiezo. Cada alegría, de un golpe de realidad.

El cierre en casa deja esa imagen que ningún aficionado quiere ver: un equipo cabizbajo, un marcador adverso y una grada que, aunque herida, sigue ahí. La afición de Gallos Femenil ha demostrado ser incondicional; alentó en las buenas, resistió en las malas y despidió a su equipo con aplausos, no por el resultado, sino por el vínculo que se ha formado a lo largo de los años.

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