El futbol, tan cruel como generoso, siempre ofrece esos destellos que parecen anunciar un nuevo amanecer, pero que a menudo terminan siendo espejismos. Eso le ocurrió a Gallos Femenil hace apenas unos días, cuando en el Estadio Olímpico consiguieron su primera victoria del torneo tras vencer 2-1 a Pumas. Fue un triunfo que se celebró con el corazón, porque significaba romper una larga sequía de frustraciones y, sobre todo, porque parecía marcar un punto de inflexión en una temporada marcada por la desesperanza.
La noche frente a las universitarias fue distinta desde el inicio. A pesar de la tensión de enfrentar a un rival mejor posicionado, Querétaro mostró carácter, apretó las marcas y se animó a competir. La afición pudo ver el redebut de Marta Alemany bajo los tres palos, llamada de emergencia tras la infortunada lesión de Claudia Lozoya, que se dobló el tobillo en una acción desafortunada. Fue una postal que dolió, porque Lozoya es más que una portera: es un símbolo del equipo. Sin embargo, Alemany respondió a la confianza con intervenciones oportunas y un liderazgo que parecía inquebrantable.
El partido avanzó con incertidumbre hasta que apareció Lady Andrade. La colombiana, refuerzo internacional, debutó con gol al minuto 63, definiendo con categoría dentro del área y demostrando que su experiencia puede ser diferencial en un equipo necesitado de talento. Más tarde, Alexa Herrera aprovechó un descuido rival y firmó el 2-0 que desató la euforia en el Olímpico. Pumas reaccionó con un tanto tardío de Stephanie Ribeiro, pero el daño ya estaba hecho: Gallos había ganado. Esa noche, el futbol le dio un respiro a Querétaro. Un respiro caro, sí, porque además de Lozoya se lesionó Barbhra Figueroa, pero que parecía valer el sacrificio al abrir una rendija de ilusión.
Sin embargo, el futbol también tiene la costumbre de recordarnos pronto cuál es la realidad. Y esa realidad se presentó de golpe en Tijuana, donde Xolos se encargó de devolver a Gallos a su sitio. Fue un partido que, desde el arranque, mostró contrastes dolorosos: las fronterizas con solidez, idea de juego y contundencia; las queretanas con esfuerzo, pero sin claridad ni capacidad de respuesta.
El primer gol de Hilda Magaia, al minuto 14, dejó en evidencia la fragilidad defensiva de las visitantes. Y aunque Alemany sostuvo con un par de atajadas la esperanza de un empate, el equipo se fue desfondando poco a poco. En la segunda mitad, Gallos apenas inquietó con un disparo de Santamaría, mientras que Borgella liquidó con el 2-0 definitivo tras un pase filtrado que cortó como mantequilla la zaga queretana.
La derrota en la frontera fue un golpe seco, casi un recordatorio cruel de que lo de Pumas pudo ser más un destello aislado que un verdadero despertar. Gallos regresó al mismo sitio: penúltimo lugar, con apenas siete unidades y sumando ya ocho derrotas en el torneo. El espejismo se esfumó tan rápido como apareció.
Hoy, la pregunta que flota en el aire es inevitable: ¿qué queda de este equipo? Gallos Femenil parece condenado a oscilar entre momentos de ilusión pasajera y realidades amargas que confirman uno de los peores torneos de los últimos años. El triunfo ante Pumas será recordado como el día en que se rompió la racha, el redebut de Alemany y el estreno goleador de Lady Andrade. En Tijuana volvió a quedar claro que este Gallos no tiene rumbo, que las victorias aisladas sirven de consuelo, pero no alcanzan para borrar una campaña construida con derrotas, lesiones y desilusiones.