Gallos femenil al borde del abismo

Gallos Femenil sufrió una de las derrotas más dolorosas de su historia reciente, al caer 0-7 ante Tigres en el Centro Gallo de Alto Rendimiento, en un partido que terminó convertido en una tormenta que expuso todas las carencias de un equipo que aún no sabe lo que es ganar en el torneo.

El marcador lo dijo todo: siete goles en contra, tres de ellos desde el manchón penal, y la sensación de que cada avance de las Amazonas era un aviso de lo que estaba por venir. Durante los primeros minutos, las queretanas intentaron resistir con orden, incluso Claudia Lozoya sostuvo al equipo con atajadas que evitaron que la goleada llegara más temprano. Hubo un par de aproximaciones, tímidas pero llenas de esperanza, como aquella de Yadira Toraya que terminó anulada por posición adelantada, sin embargo, la diferencia de planteles y de jerarquía pronto se hizo insostenible.

Al borde del descanso, Diana Ordóñez abrió el marcador con un cabezazo que partió en dos la resistencia local, apenas un minuto después, Jennifer Hermoso empujó el segundo y ahí se acabó cualquier intento de respuesta. El inicio del complemento fue lapidario: Stephany Mayor marcó el tercero con una facilidad que retrató la fragilidad defensiva de Gallos, y lo que vino después fue un desfile de goles que redondearon la humillación. Tigres no solo fue superior, fue también implacable, consciente de que enfrente tenía a un rival sin brújula, sin confianza y con la moral deshecha.

El resultado no sorprende por la categoría de Tigres, sino por la forma en que Querétaro se derrumbó; Una vez más, lo anímico jugó en contra… el propio técnico, Fernando Samayoa, lo admitió sin rodeos: tras el primer gol, el equipo se vino abajo y ya no tuvo cómo levantarse. Lo preocupante no es perder ante una potencia, lo verdaderamente alarmante es la facilidad con la que Gallos se desploma, como si supiera de antemano que está condenado a resistir hasta que el marcador se vuelva inalcanzable.

Con esta derrota, las emplumadas suman apenas tres puntos en ocho jornadas, todos producto de empates. No hay victorias, no hay señales de crecimiento y lo único que se acumula son dudas. El próximo duelo será ante Toluca, en el Nemesio Díez, pero la pregunta ya no es contra quién se juega, sino hasta qué punto este proyecto puede sostenerse sin quebrarse por completo.

La sensación es que Querétaro está atrapado en una dinámica que no logra romper: pelear con las uñas, resistir como puede y terminar resignado a la derrota, es como si existiera una maldición silenciosa que impide que los equipos de la ciudad den el salto definitivo. Se invierte, se construye, se promete, pero al final lo que queda es un mismo panorama: proyectos que generan ilusión y terminan en crisis. La derrota de Gallos Femenil no es solo un mal resultado, es el reflejo de un patrón que se repite una y otra vez, dejando a la afición en una eterna espera.

Mientras tanto, las jornadas siguen su curso y la tormenta no parece amainar. Los goles en contra se acumulan, la confianza se desvanece y lo único que crece es la desesperanza. En Querétaro, donde todo parece estar dispuesto para que el deporte florezca, la historia insiste en recordarnos lo contrario: que aquí, más allá de los estadios nuevos o del entusiasmo de su gente, los equipos terminan condenados a no funcionar como deberían.

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