Por Ramón Estévez
Todo equipo se construye de atrás para adelante y los Gallos Blancos de Esteban González no son la excepción.
Guillermo Allison es una garantía bajo los tres palos y solamente ha recibido siete goles en seis partidos, pero el gran valor de este guardameta no solo está en las atajadas, sino que radica principalmente en el liderazgo que tiene en el vestidor frente a sus compañeros.
La línea defensiva combina orden, anticipación, velocidad y centros. Daniel Parra por izquierda, Lucas Abascia y Diego Reyes como centrales y Byron Duarte por derecha, este último incluido en la prelista de Colombia para la próxima fecha FIFA. La solidez e inteligencia de los centrales, complementadas con la velocidad y agresividad de los laterales, son la mezcla perfecta para herir a cualquier rival.
Querétaro parte del orden. No necesita dominar permanentemente la pelota para sentirse cómodo porque entiende cuándo presionar arriba, cuándo cerrar espacios en mediocampo y cuándo replegarse en su propio terreno. Esa capacidad para modificar sin perder estructura es uno de los principales sellos del equipo del Chino: defender juntos, competir cada balón y recuperar desde una organización colectiva.
En medio campo aparece buena parte de la personalidad de estos Gallos. Por izquierda, Paulo Victor o Iker Benito aportan velocidad, amplitud y desequilibrio. Por derecha, Enzo Giménez ofrece recorrido, gambeta y profundidad.
Por dentro, Carlo Adriano y Santiago Homenchenko representan dos perfiles distintos que se complementan. Adriano es el futbolista de la pausa, el que puede darle sentido y ritmo a la posesión. Homenchenko es energía pura, recorre el campo de área a área, recupera, disputa, llega a zona ofensiva y, además, se ha convertido en el máximo goleador del equipo. Su rendimiento incluso lo llevó a aparecer en la prelista de Uruguay.
Gallos necesita justamente esa sinergia, futbolistas capaces de pensar el partido y otros que lo jueguen al límite. No resulta casual que Querétaro sea el equipo con más tarjetas amarillas del torneo, con 23. El orden, la intensidad, la inteligencia y la agresividad forman parte de su identidad.
Arriba, Mateo Coronel y Alí Ávila completan un equipo que busca atacar con rapidez y verticalidad. Querétaro no pretende construir posesiones interminables ni acumular pases sin propósito. Cuando recupera, quiere avanzar.
El plan parece sencillo, pero requiere coordinación, condición física y precisión. Recuperar, conectar rápidamente con los hombres abiertos y atacar antes de que el rival consiga reorganizarse. Gallos no busca tener la pelota por tenerla; quiere utilizarla para hacer daño en el menor tiempo posible.
Después de siete jornadas, los números respaldan la propuesta. Querétaro ocupa la séptima posición con 10 puntos, producto de triunfos ante Pachuca, Tigres y Atlas, un empate frente a Pumas y derrotas contra América y Toluca. Hay que recordar que Gallos tiene un partido pendiente contra Monterrey que podría mejorar su posición en la clasificación.
Apenas ha transcurrido un tercio del Apertura 2026, por lo que todavía sería prematuro establecer conclusiones definitivas, pero estos Gallos convencen e ilusionan porque tienen corazón e identidad.
Hay orden defensivo, agresividad para recuperar, transiciones verticales, amplitud ofensiva y, sobre todo, una intensidad constante. Las individualidades comienzan a destacar precisamente porque existe una estructura que las sostiene.
Esteban González, Miguel Pinto y Mauro Lamas han construido un equipo que sabe qué quiere hacer y cómo quiere competir. Estos son los Gallos Blancos del Chino: futbolistas dispuestos a correr, luchar, pensar y jugar al límite para demostrar que Querétaro puede competir contra cualquiera y soñar con el trofeo.