SE RECIBE CASCAJO

Lo que para unos ya es simple desperdicio, para otros tiene múltiple utilidad, lo mismo sirve para allanar lo disparejo y dar una falsa percepción de solidez, que para rellenar oquedades o darle algo de firmeza a lo que de por sí es resbaladizo y traicionero.

El cascajo político sirve para lo mismo y daría igual que las oficinas de algunos partidos políticos clavaran su letrerito en su puerta principal.

No se trata de despreciar a ciertas figuras de la farándula y del deporte que hicieron lo que podían y disfrutan de cierta fama en lo que parece que sabían hacer y que ahora deciden jugar su resto en los escenarios de la picaresca política. Por lo menos aportan algo: su fama pública y el prestigio que puedan tener, otros ni eso. A fin de cuentas, todavía no hay licenciaturas en candidaturas instantáneas, ni maestrías en regidurías negociadas, mucho menos doctorados en diputaciones plurinominales por influencia. En política todos partimos de cero, a menos que alguien tenga un “padrino” que desde las sombras mueva los hilos, cual eficaz titiritero, o se sea parte de la dinastía de los dueños del circo.

En las candidaturas locales el cascajo estará representado por aquellos personajes que se cansaron de ser incidentales o secundarios y que quieren ser protagonistas. Aunque a diferencia de estos últimos, saben que el cacicazgo que ejercen todavía en algunos grupos o comunidades está seriamente socavado por una posmodernidad que nunca han entendido, por un proceso de industrialización que los hace ver como obsoletos y prescindibles, por un neoliberalismo que no diferencia entre el pastoreo de base y el corporativismo ideológico —colonialización intelectual dirían los estudiosos— de la tecnología de la comunicación y sus omnipresentes redes sociales.

El problema es que se difumina el perfil ideológico que supuestamente es la base de una democracia sustentada en partidos políticos, donde estos, representan formas diferentes de ver y de presentar soluciones a los problemas sociales de toda índole.

Cuando tres partidos aparecen “fundidos” en las boletas electorales —presentando el mismo candidato— y uno supuestamente representa las demandas sociales de la mayoría, el otro los intereses perfectamente caracterizados de la derecha política y económica, y el tercero las propuestas históricas y de nueva generación de la izquierda, la existencia de los tres no se justifica. Para acabarla de refundir, los acuerdos cupulares ni siquiera posibilitan la alternancia puesto que apuestan a la continuidad, partiendo de que quien está en el poder tiene mano en la candidatura —común— respectiva. La reelección perpetua y casi sin cambiar de nombres ni de patrocinadores. Lo conducente entonces es pensar que la amalgama de los hipotéticos desiguales la da la pura conveniencia y las ganas de seguir lucrando con el presupuesto público.

Y entonces aparecen los partidos que reciben el cascajo político de los tres ya mencionados. El problema es que esos “sobrantes” han formado parte de la estructura antidemocrática y cupular que ahora no los benefició pero que antes les permitió crecer hasta que se volvieron un estorbo. Obvio, vienen con las mismas mañas.

Lo que sigue es un guión ya escrito. Los suspirantes se presentarán ante su nuevo partido portando sus mejores galas: yo tengo estructura para controlar el voto de tantas comunidades; yo puedo aportar ciertas cantidades de dinero para comprar votos; yo soy reconocido —aunque sea por sinvergüenza— en todo el territorio; yo represento a las históricas familias caciquiles del municipio y puedo influir en las preferencias electorales…

Pero, así como traicionan a sus partidos de origen, son traicioneros con quien ingenuamente les ofrece su registro para seguir con su modus vivendi. No será la primera vez que negocien, en lo escurito, una regiduría o una diputación a cambio de prometer un voto diferenciado a la gubernatura. Es decir, llegarán con el candidato que ellos creen ganará para decirle que “su gente” votará por ellos para la planilla municipal, pero que pueden ofrecer que esos votos cambiarán de color en la elección de la gubernatura o de las diputaciones federales, total, lo que está en juego no es la lucha contra la desigualdad social o la corrupción y la impunidad, ni el desarrollo equitativo del municipio, ni la salud, educación o posibilidad de trabajo para sus representados, ni la reducción de la pobreza o la inseguridad, la prioridad es su puesto durante los próximos tres o seis años o hasta donde su incapacidad los deje llegar.

Veremos que hacer lo mismo produce el mismo resultado. Si MORENA está esperanzado, como partido político, en crecer electoralmente a nivel local, haciendo esas alianzas con el cascajo de los demás, se encontrará una candidata a la gubernatura con una votación desinflada en comparación con la de algunos municipios. Ni cómo ganar. En lo federal, la izquierda —con los grupos ecologistas, feministas, los que están en pro de un estado de bienestar; contra la pobreza, la corrupción y la impunidad; los defensores de la diversidad social, política y de género; en favor de la educación pública, la salud y demás— tendrá que refugiarse en esas candidaturas e influir en las propuestas, intentar marcar una diferencia frente al acartonamiento de las candidaturas locales, mostrar que el cascajo se queda abajo y no sirve para construir los pisos superiores.

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