Las ciudades contienen los espacios en los que nos sucede la vida. Ya sea en el transporte público, en el auto, en un museo, en una plaza pública, en un teatro, o en un estadio, nos pasan cosas que van materializando recuerdos sobre los aconteceres diarios y le dan sentido a nuestro existir.
Nuestra ciudad cuenta con recintos únicos y emblemáticos (algunos más recientes, otros, más de antaño) que nunca pasan desapercibidos para los atentos transeúntes y visitantes, por erguirse como joyas arquitectónicas en lugares específicos de la ciudad. La biblioteca Manuel Gómez Morín, el Teatro de la República, el Museo Regional, la iglesia de Santa Rosa de Viterbo, el Teatro Metropolitano, y el estadio Corregidora, son buenos ejemplos de lo anterior.
El recinto más representativo para nosotros, los futboleros, fue construido entre 1983 y 1984 bajo la dirección del arquitecto Luis Alfonso Fernández Siurob, se inauguró el 5 de febrero de 1985 por el entonces presidente Migue De la Madrid con un partido amistoso de la selección mexicana, donde los locales vencieron 5-0 a Polonia, siendo Tomás Boy el autor del primer gol. Según datos oficiales, su diseño en forma de óvalo permitía una evacuación segura en menos de 7 minutos, característica fundamental pensando en la razón por la que fue construido este estadio, la Copa del Mundo de 1986.
La Corregidora es un recinto histórico a nivel internacional. La selección alemana dirigida desde el banquillo por Franz Beckenbauer y dentro del campo por Lothar Matthäus, jugó sus 3 partidos de fase de grupos en esta cancha. El histórico mundial sub-17 de 2011 en el que México salió campeón, albergó varios partidos del grupo “E” en el coloso del Cimatario.
A nivel local, el estadio ha albergado a equipos como Tampico Madero, Atlante y Cobras. Sin dudas, ningún equipo ha logrado sentirse tan en casa en este emblemático recinto como los Gallos Blancos.
El estadio Corregidora es ese lugar en el que gritamos goles, nos abrazamos con un extraño, nos encontramos con un amigo, lloramos descensos y disfrutamos ascensos. Sentarte en sus tribunas es una inobjetable invitación a evocar los goles de Mauro Gerk, Carlos Bueno, Roberto Nurse y Carlos Casartelli. Es imaginarse a Misael Espinoza corriendo por la banda, a Erubey Cabuto atajando pelotas imposibles, a Margarito González patear con esa zurda de otra época, a Ronaldinho bailar con la 49 en la espalda. Este estadio es la casa del Querétaro FC.
Cuarenta y un años después de su inauguración, se volverá a jugar un amistoso de la selección, nuevamente como preámbulo al mundial que se jugará por tercera vez en nuestro país, nuevamente contra un país europeo, nuevamente en febrero; como un presagio a volver a comenzar, a renovar la ilusión, a comenzar a creer.
Felices 41 a nuestra casa, nuestro estadio, nuestra historia.