Un día previo al duelo amistoso entre México y Turquía, Gibrán Araige, corresponsal de TUDN en la gira del Tri por Estados Unidos, puso en la red social X (antes Twitter) lo siguiente:
“México llegó a Chapel Hill, Carolina del Norte. Cosa extraña…no hubo ni un sólo aficionado en la llegada del equipo a su hotel de concentración. Veremos qué tal la entrada el próximo martes…”
Tal vez a Gibrán le pasó algo que suele pasarnos a muchos cuando solo pensamos en futbol, que es olvidarnos del resto de cosas que acontecen en el mundo. Personalmente, el antídoto que he encontrado para eso está en pensar que el futbol es una ventana a través de la cual mirar el mundo. Por ejemplo, se puede entender mejor un mercado de divisas y las leyes de transacciones internacionales a través del mercado de fichajes, que va mucho más allá de los famosos ‘’Here we go’’ de Fabrizio Romano. Se puede también entender la idiosincrasia de un pueblo por cómo viven el deporte, los valores que preponderan a la hora de una práctica deportiva, sobre todo si se trata de un deporte colectivo. Se puede aprender incluso un poco del folklore de una ciudad si se vive un partido desde la previa en las inmediaciones del estadio del equipo de la ciudad, en donde suele haber comida típica, música emblemática y playeras históricas.
Como sabemos, Estados Unidos está siendo atravesado por una hostil política de deportación masiva que criminaliza al grupo social que ha mantenido a flote el negocio de la FMF en Estados Unidos las últimas 2 décadas. Ni más ni menos, y son ahora las personas que ejecutan ese negocio las que seguramente estén pensando en cómo solucionar esa baja en el boletaje para la Copa Oro, que ya de por sí iba a ser diezmada porque se empalma con el mundial de clubes, el último escandaloso shitshow que decidió montar la FIFA.
Entonces Gibrán, intentado reivindicar su imagen como periodista, sale a la carga en la conferencia de prensa y le pregunta al Vasco Aguirre si tiene algún mensaje a los mexicanos que radican en Estados Unidos en medio de las redadas, a lo que Javier respondió que él no era portavoz de los mexicanos, pues solo es el “director técnico de la selección mexicana de futbol”. La respuesta de Javier me llena de indignación. Era una gran oportunidad de dignificar a la gente que ha sostenido a la selección mexicana los últimos tiempos, son los paisanos que gastan sus dólares en un boleto para ir a ver a su selección los que están siendo deportados, y el Vasco eligió esquivar la pregunta. Es un secreto a voces el hecho de que cuando se tiene un cargo así de importante, si se abre la boca de más puede haber problemas, pero hagamos el ejercicio de las últimas consecuencias.
¿Qué es lo peor que pudo haber pasado si Javier mandaba un mensaje de apoyo hacia los paisanos? ¿Que lo destituyeran del cargo? Creo que ante todo, uno tiene que tener sus convicciones bien firmes, pienso eso mientras me pregunto qué fue del Javier Aguirre que organizó un partido el 15 de marzo de 1999 entre el Ejército Zapatista y un grupo de futbolistas profesionales. Dicen que incluso un familiar suyo se encargó de confeccionar el uniforme del EZLN. Nunca hay que olvidar que el futbol es importante, pero los partidos más importantes, se juegan afuera de la cancha, y esos también hay que saber jugarlos.