Ballon D'or

A pesar de la controversia y la crítica que se genera a su alrededor y  de los premios que pretenden igualarlo, el balon d’Or sigue siendo el trofeo individual más preciado en el mundo del balompié.

Sin embargo, ante el comprobable descontento de algunos periodistas, entrenadores y jugadores, y con el fin de esclarecer un poco las sospechas y de apaciguar ciertas rebeldes opiniones, France Football anunció en Marzo que las reglas para elegir al nuevo galardonado habían cambiado, el criterio para la elección del ganador se basaría en las actuaciones de una sola temporada y no de un año calendario entero. Eso significaba que el performance de los jugadores que asistan a Qatar no sería considerado en este año, pero si para el del año 2023. La importancia que se le daba a los trofeos colectivos ha sido también derogada, ya que se eligió al mejor futbolista de la temporada, y no necesariamente al que más trofeos levantó.

Dicho lo anterior, y siendo la voz de muchos de los que disfrutamos lo mismo de una buena asistencia que de un delicado y bien esquinado gol, Pipo Gorosito, técnico de Gimnasia, salió a decir que era inexplicable que Messi no estuviera en el listado de los 30 mejores, sin duda un atentado a la estética y a la lógica de este deporte.

Pero esta nota no es para hablar de Messi, sino para elogiar al jugador que inspiró la pluma de autores de la talla de Ariel Scher en la Argentina, del delantero que era el encargado de materializar las heróicas remontadas del Madrid en Champions de la temporada pasada con sus goles que dejaron a algunos tíos, tías y abuelas sin parpadear frente a la pantalla y, en algunos casos, en la cancha misma. La temporada de Karim fue gloriosa, el tipo representaba la decisión, la valentía, la técnica y la inventiva en un solo movimiento, en un gesto corporal, en un cabezazo, en una pared con Vinicius. Pero aún cuando Benzema sea un jugadorazo, no debemos de dejar de considerar, nunca, que son sus propios compañeros los encargados de hacerlo brillar, el Madrid estaba (y sigue) jugando con una soltura y una confianza increíbles. Recuerdo una conversación que tuve con Joaquín Noy , ex jugador de Montevideo Wanderers, Once Caldas y Bravos de Juárez,  cuando se jugaban los octavos de final de Champions y mirábamos cómo Casemiro y Benzema se reían en la previa de un córner en contra como dos amigos que juegan una cascarita y, tras presenciar esa imagen, Joaco me decía: “El Madrid es el antónimo del pesimismo, si a mi viejo le sale una mancha en la mano, en una de esas piensa que es una enfermedad incurable, el Madrid no piensa en eso y no es solo optimismo, es algo más grande y tal vez indescriptible”.

Sin o a pesar de los nuevos parámetros para elegir al ganador, Karim, como capitán de ese épico y sensacional equipo de culto que fue el Madrid de la temporada pasada, tiene más que merecido el premio al mejor jugador, y desde sus entrañas, sabe además juega en el que es hoy, el mejor equipo del mundo, y su alma pambolera lo festeja sin necesidad de levantar ningún trofeo.

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