REGRESÓ EL PISTOLERO

Mis amigos en Montevideo me reiteran constantemente que la poesía está en todas partes, en una buena acción, en un buen pase, en un estético y coordinado paso de baile, en una buena charla en un bar, en un vistazo profundo más allá de la Rambla, en una arenga antes de un partido, en la ilusión que se le ve a dos personas a través de la mirada mientras conversan sobre algo menos trascendente que lo que se dicen en ese intercambio de miradas, en los adjetivos que uno utiliza para describir algo que lo emociona, en las emociones mismas, en el regreso de alguien muy esperado, en la forma en la que vuelve, en lo que declara una vez en casa.


La vuelta de Suárez a Nacional es sorprendente, inesperada, nostálgica, contundente. El solo rumor de su regreso ponía nerviosos a los defensores del Atlético Goianiense y más nerviosos aún a los hinchas de Peñarol. El gordo, como le dicen muchos, es un delantero de época, circulan videos en la web de los tremendos goles que hacía con el Liverpool, se habla sobre la bandera que desplegaron los colchoneros con la leyenda “gracias Lucho por hacernos campeones” en su último partido en el Wanda, se insiste con que el único jugador que pudo ser campeón de goleo en la década de Cristiano y Messi fue Luis, se recuerda a Luis con la banda de capitán del Ajax.

Por muy increíble que parezca, y aunque usted no lo crea, a Suárez lo trajo la hinchada. La gente de Nacional organizó una movida épica por las redes en la que cambiaban su foto de perfil por una foto de Luis con la casaca del Club Nacional de Football junto con el hashtag #SuarezANacional y el eco fue rotundo, más de 50 millones de cuentas en un total de 35 países y con un promedio de 1500 tuits por hora al ritmo de #SuarezANacional. Renunció a la MLS o a los contratos millonarios de los jeques por volver a vestir la camiseta del bolso y él mismo declaró, vine gracias a ustedes.

El ahora nueve de Nacional es un enfermo del gol y del triunfo.  Hasta en los amistosos es insoportable para los rivales y para el árbitro, hasta en las cascaritas te quiere golear. Suárez no sólo juega su partido, juega el partido, algunas veces, inclusive, se adueña del espectáculo. La vuelta de Lucho a Nacional, también es poesía.

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