ARGENTINA VS MÉXICO

La voz del estadio anuncia con un timbre cuidadosamente seleccionado para, hasta en esos detalles, convencer a los fanáticos que solicitaron un crédito, vendieron, empeñaron o en su defecto, aunque poco probable, ahorraron, de que gastaron bien su dinero y están en el lugar correcto, a los 11 mexicanos que saltan a la cancha:  Ochoa, Álvarez, Araújo, Vázquez, Arteaga, Herrera, Edson, Gutiérrez, Lozano, Corona y Jiménez. Enseguida nombra a los 11 argentinos: Martínez, Molina, Otamendi, Romero, Tagliafico, De Paul, Paredes, Lo Celso, Di María, Lautaro y Messi. A continuación se despliega una imagen inmensa con ambos cuadros formados en una cancha de fútbol auspiciada por Coca Cola. Aunque es invierno, el calor es agobiante, aunque es noviembre, todos aceptamos que se jugase este mundial, había poco que hacer para oponerse. Los voluntarios que tuvieron que pagar su estadía y su pasaje, quienes además están obligados a sonreír siempre que una cámara los enfoque, y que deben vestir su camiseta de McDonalds y un short adidas en todo momento, quitan la lona del círculo central que invita a los aficionados a decirle no a la violencia. Ochoa y Messi van al sorteo, pierde Memo, Messi elige sacar primero. tras los himnos, el árbitro alemán está a punto de dar el silbatazo inicial, pero recuerda que la FIFA le pidió dar un minuto de silencio por las víctimas del covid, mismo que aprovecha el chícharo Hernández desde el banco para orar mirando al cielo una última vez previo al arranque del juego, mismo que aprovecha de Paul para decirse a sí mismo, en un mes vamos a estar levantando esa copa.

Rueda la guinda desde los pies de Lautaro Martínez y el reloj se pone en marcha, los primeros minutos México tiene la pelota, los volantes que militan en la Eredivisie la tratan bien y no se la prestan a Paredes y compañía, Messi observa. La primera de peligro nace desde los botines de HH, quien con un  gran visión pone a correr al tecate a espaldas de Nahuel Molina, Corona aplica un freno, levanta la cara y mete un pase que pone al Chucky en una situación inmejorable para rematar al arco. Lozano, por la velocidad a la que tuvo que resolver por la cercanía de Tagliafico, la manda por arriba. Desde una de las cabinas de prensa se escucha un inconfundible “la tenía, era suya y la dejó ir”, es de las últimas veces que escuchamos esa frase en una transmisión, el perro se retira de los mundiales. Un par de cabinas más lejos, están Sebastián Vignolo y Diego Latorre y se les nota tranquilos, hasta el más pesimista de los argentinos confía en que este partido lo ganan si o si, que no importa si el rival viste de verde o de negro, o si juegan de local o visitante, o si es en fase de grupos, en octavos, en una final de copa América o en un amistoso, que a México le ganan siempre. Igualmente, dicen los que saben que los argentinos miran la fase de grupos por la tele y comienzan a llenar los estadios en la fase de eliminación directa, y, salvo en Corea 2002, podríamos decir que es su forma de predecir el futuro. Entonces el estadio Lusail este 26 de noviembre del 2022, a las 4 de la tarde, hora de la ciudad México, está repleto de mexicanos con turbante. El primer tiempo termina 0-0, nada para nadie, Jiménez, que tuvo la última de peligro para el tri en el primer tiempo, se lamenta y se toca el gemelo, parece que tiene alguna molestia.

Desde el vestuario albiceleste se escuchan frases como: Hay que patearle al Ochoa ese ché, hagamos una gambeta y tiremos paredes, busquemos más a Leo, vamos que hay que sumar de a 3. Ni siquiera en este relato se sabe lo que se dice en el vestuario azteca.

Saltan los mismos 22 al rectángulo verde y tras una árdua batalla, a los 30 del segundo tiempo, Raúl pide el cambio, no puede más. Martino voltea al banco, tiene al mellizo y al chicharo, consulta la situación con Jorge Theiler, que a su vez lo consulta con Gustavo Dezotti, este le pregunta a Sergio Giovagnoli quien está también con Damian Silvero, la grada exige, aclama al Chicharo, el cuerpo técnico no piensa complacerlos, entre todos, después de un par minutos, eligen al delantero de Rayados, el respetable abuchea la decisión, vuelan turbantes hacia el banco de suplentes.

Rogelio entra a la cancha abucheado por los mismos mexicanos y, tras solo 3 minutos en el terreno, Otamendi le comete penal. El público no lo puede creer, el alemán va al VAR y confirma lo que todos vimos, Otamendi trastabilla a Funes Mori y le comete falta, Messi intenta hablarle al árbitro, pero Félix Brisch no le entiende nada, el referee teutón solo habla italiano y alemán, Lucas Alario, jugador del Frankfurt, intenta hacer recapacitar al cuarto árbitro desde el banco, pero no lo consigue. Los argentinos que lo miran en el obelisco no lo pueden creer, un tipo que hace 4 años era argentino, un jugador que la hinchada de River detestaba, está a punto de marcarles un gol en un mundial. Rogelio toma la pelota, el dibu Martínez lo intimida, Rogelio toma carrera, Aldo Rocha quisiera estar ahí dentro y patear ese penal, el Chicharo mira para otro lado y muerde la casaca, Martino suda la gota gorda pero no dice nada, Martinolli describe la acción y al mismo tiempo le implora al mellizo que porfavor meta ese balón, lauderos de Paracho dejan de hacer ese guitarrón, Villoro posterga ese mensaje, Checo Pérez frena, y junto con él, frena también el tiempo, un taxista llevando a un gringo al aeropuerto se niega a avanzar aunque el semáforo esté en verde, un barrendero mira el instante desde afuera de un Elektra, una doctora en el IMSS le pide a su asistente que no le mande todavía el próximo paciente, un niño en el turno vespertino de cualquier primaria del país, posterga esa primera mordida a su torta de huevo en el recreo, hasta que por fin, vuelve el movimiento ¡Gol de México!

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