Desde hace varios meses, la directiva de Gallos Blancos empezó a mandar señales de que el proyecto finalmente busca construirse con seriedad. No solamente en lo deportivo, también en la manera de tomar decisiones y anticiparse a los problemas que durante años arrastraron al club torneo tras torneo. Apenas terminó la participación del equipo y Querétaro ya había comenzado a mover piezas, confirmando bajas importantes y dejando claro que la planeación del próximo semestre ya está en marcha. En una institución acostumbrada a reaccionar tarde, hoy se percibe trabajo y dirección.
El anuncio de las salidas de Fernando González, Luis Villegas, Jhojan Julio, Eduardo Armenta, Luis Gutiérrez, Lucas Rodríguez y Jaime Gómez no parece un movimiento improvisado, sino parte de una reestructuración que la directiva ya venía preparando. Además de cerrar ciclos, Gallos libera espacio en el plantel y también plazas de extranjeros para tener mayor margen en el mercado de fichajes. Y aunque siempre habrá nombres que generen debate entre la afición, la realidad es que Querétaro entendió algo fundamental: seguir sosteniendo un proyecto a medias solo garantizaba otro torneo irregular. Hoy, la reconstrucción empieza a verse más clara y, sobre todo, más pensada.
En medio de ese movimiento, hay decisiones que sí sostienen un discurso deportivo. Guillermo Allison renovó y Santiago Homenchenko fue comprado de manera definitiva, una señal clara de que no todo será desarme. En los registros públicos, Allison aparece con 10 partidos en este Clausura 2026 de Liga MX, mientras Homenchenko suma 15 juegos y 2 goles en el mismo corte estadístico; datos que, más allá de cualquier adorno, confirman que ambos han sido piezas útiles en el andamiaje queretano. Además, la continuidad del uruguayo encaja con la idea del técnico Esteban González de que “la defensa no se toca”.
Por eso, más que vender humo, lo que hoy puede reconocerse en Gallos es trabajo serio. Falta mucho, nadie está diciendo lo contrario. Pero el club ya entendió que reconstruir no es anunciar nombres por impulso, sino ordenar el proyecto, sostener una columna y fichar con sentido. Si mantienen esa línea, la restauración no solo va en camino: empieza, al fin, a verse.