Que el fútbol vuelva a ser fiesta

Hay heridas que no se curan con el tiempo, pero tampoco pueden convertirse en sentencia eterna. En el estadio Corregidora, hay quienes piensan que el recuerdo del 5 de marzo sigue pesando como una losa sobre la afición de Gallos Blancos. Nadie lo olvida, nadie sensato debería minimizarlo, pero una cosa es no borrar la memoria y otra muy distinta es vivir atrapados para siempre en ella.

Lo que hoy se observa en las tribunas, especialmente en partidos como el de Toluca, es un ambiente de tensión que ya cansó a muchos aficionados. En el video que se ha difundido en redes se ve lo que varios seguidores vienen denunciando desde hace tiempo: la forma en que intervienen algunos elementos de seguridad, ya sea municipal, estatal o privada, y el modo en que eso termina encendiendo más el ambiente en lugar de apagarlo. No se trata de inventar un conflicto donde no lo hay; se trata de reconocer que algo no está funcionando.

Yo no he sido testigo directo de cada uno de estos hechos, y sería irresponsable afirmar lo contrario. Pero sí he notado el hartazgo de la gente. Sí he visto cómo muchos aficionados sienten que, pase lo que pase, el peso del 5M sigue recayendo únicamente sobre ellos. Como si el castigo fuera colectivo y permanente. Como si el club, su gente y su estadio estuvieran condenados a no recuperar nunca el ánimo de antes.

Y ahí está el verdadero problema: el fútbol perdió su esencia cuando en la grada dejó de respirarse confianza. El Corregidora fue durante años una plaza fuerte, sí, pero también un estadio con identidad, con ruido, con pasión y con esa energía que hace que el fútbol tenga sentido. Hoy, en cambio, demasiadas veces se percibe un ambiente de vigilancia excesiva. Y eso termina afectando justo a quien sostiene el espectáculo: el aficionado.

También hay que decirlo con claridad: si queremos que Corregidora vuelva a recuperar su esencia, tiene que abrirse un nuevo capítulo. Uno donde se pueda convivir sin tensión innecesaria. Uno donde la afición de Gallos deje de cargar sola con una culpa que no le corresponde a todos por igual. Uno donde se entienda que el fútbol queretano necesita reconstruirse desde la confianza, no desde el miedo.

Porque sí, el 5M no se olvida. Pero tampoco puede ser la excusa para mantener congelado el corazón de un estadio entero. Ya basta de castigar al que sigue asistiendo, al que paga su boleto, al que alienta, al que todavía cree que el Corregidora puede volver a ser un lugar de familia, de pasión y de orgullo.

Gallos necesita orden, sí. Pero también necesita reconciliación. Y la reconciliación empieza cuando se deja de ver al aficionado como problema y se le vuelve a tratar como lo que siempre debió ser: la razón principal por la que el fútbol existe.

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