Ya se juega la segunda mitad del torneo Clausura y, para el Club Querétaro, está siendo un vendaval en resultados y en el funcionamiento dentro de la cancha. Pero les invito a hablar ahora de lo que sí depende del aficionado albiazul: hacer pesar la casa del Gallo. En lo que va del torneo, se han oído mil y un comentarios sobre cómo la voz masiva del estadio vuelve a escucharse; los aficionados retornan a las gradas para entonar los cánticos del club (con algunos impedimentos en el proceso) y sin duda han regresado las ganas de alentar, hacer el ritual de asistir al estadio y la búsqueda de una sinergia con el equipo.
Con 9 partidos de local en este Clausura 2016, de los cuales ya se jugaron 5, es vital analizar datos y no solo sensaciones.
Con información oficial de la Liga MX, en el primer partido de Gallos como local en la jornada 2 contra los Xolos, según los datos de la liga, se tuvo un aforo de 10,915 de asistentes, lo equivalente al 32% de capacidad del estadio. Después, en la jornada 4 contra Pachuca, se llegó a un aforo de 12,338, igual a 36.1%, una asistencia que se registró como la más baja de la jornada. Para la jornada 5 se logró la asistencia de 11,333 o el 33.2% para enfrentar a León. Después, para enfrentar al conjunto de Santos, se tuvo la peor entrada de local hasta el momento con 9,911 aficionados, un equivalente al 29% del aforo. Pero pasó algo totalmente contrario al siguiente duelo de jornada 10 contra el América, en un partido donde la afición visitante se hizo sentir y contribuyó a una asistencia de 29,388 igual a un 86.1% del estadio. La suma total de asistentes en lo que va del torneo es de 73,885 en el Estadio Corregidora.
Ante estos datos, las sensaciones se matizan: sí se vuelve a escuchar una voz y hay ambiente en el estadio, pero los porcentajes siguen siendo bajos. Es cierto que el número de abonados creció en un 68%, pero esos porcentajes muestran una realidad incómoda: la presencia del público no debe depender exclusivamente de los resultados. No es suficiente que la gente vaya solo cuando el rival es de etiqueta o cuando el equipo está en buen momento; se tiene que demostrar un peso de la afición también en las entradas a los partidos cotidianos, en la exigencia al club y en la construcción de un ambiente que realmente imponga al visitante.
La responsabilidad es compartida, los aficionados pueden presionar alzando voz para apoyar o expresarse en todos los encuentros; el equipo, en cambio, debe responder con actuaciones dignas y que valgan el tiempo del hincha y el precio del boleto.