Consecuencias del 5M a cuatro años de la tragedia

por Joel Ferrer

Clausura 2022, jornada 9: El Estadio “La Corregidora” recibió el partido entre Gallos Blancos de Querétaro y Atlas. A las cinco de la tarde,horario consentido por la afición queretana, llegaba el minuto 62 y Gallos perdía 1-0, el partido quedó oficialmente perdido por default 3-0: la razón por la que no se completaron los 90 minutos todos la sabemos. 

Fue una tragedia en Querétaro, un episodio oscuro en el fútbol mexicano; hay varias explicaciones y justificaciones absurdas, pero lo que nos atañe en este texto son las consecuencias y la mano dura anunciada por los altos mandos de la Liga MX y de la FMF, primero para castigar al Gallo y después con ese sueño guajiro de erradicar la violencia en la primera división.

El castigo impuesto fue, sobre el papel, ejemplar: sanciones duras para Gallos Blancos: jugar a puerta cerrada por un año, multa económica, suspensión de directiva y cambio de administración. Medidas decretadas por Liga MX y por la (FMF). Sin embargo, imponer sanciones no fue suficiente para erradicar la violencia estructural que anida en algunas tribunas y en ciertos grupos.

Apostaron por tecnología, el Fan ID, que serviría para identificar a cada espectador y sancionar a quien reincida, fue anunciado como remedio inmediato; sin embargo, su puesta en marcha fue irregular y tardía, y la aplicación práctica de sanciones ejemplares no siempre se concretó. 

Cuatro años después no hablamos del 5M como un acto aislado: hablamos de un síntoma persistente. Las imágenes de aquel día quedaron grabadas en la memoria colectiva, pero también quedó claro que existen violentadores que siguen accediendo a las canchas y que las peleas entre grupos de animación no desaparecieron por decreto. Testimonios o videos cada jornada en cada estadio  han evidenciado resultados pobres en la prevención y la sanción efectiva.

La impunidad administrativa continua aunque hoy existan normas, reglamentos y hasta mecanismos tecnológicos para detectar, expulsar y sancionar a quienes incitan o ejecutan violencia en los estadios; el problema es la efectividad real para ejecutar esas sanciones de manera constante y transparente.

La afición, tan viva y necesaria en el fútbol, no puede quedar fuera, merece estadios seguros donde gritar, cantar y sufrir por su equipo sin miedo. La devolución de la voz a las tribunas, como la que hoy resuena en la Corregidora, solo tendrá sentido si viene acompañada de justicia efectiva y de la certeza de que los violentos no volverán a normalizar la barbarie. Si no, seguiremos curando cicatrices con parches que solo lucen bien en los comunicados y en las ruedas de prensa, mientras la violencia sigue marcando un gol que nadie quiere admitir.

Visto 73 veces