EXTASÍS TAURINO CON LA MAGÍA DE VENTURA

La bella plaza de toros Santa María de Querétaro está celebrando su cumpleaños número cincuenta y cinco; cinco décadas más un lustro, en donde ha sido escenario de tardes memorables para la historia del toreo. Y celebra este significativo aniversario con dos corridas marcadas por el hecho de que la empresa del coso vuelve a ser dirigida por los descendientes de su creador, el Lic. Nicolás González Jáuregui, en la persona de su nieto Nicolás González Arestégui.

La primera de ellas, apenas celebrada el viernes anterior, contó con el atractivo del regreso a esta plaza del mejor rejoneador del mundo, Diego Ventura, luego de una ausencia de seis años de los ruedos mexicanos, y tras escribir las páginas más exitosas de jinete torero alguno en la historia, con el corte de un rabo en Las Ventas de Madrid, diecisiete salidas por la puerta grande y hasta una encerrona en ese mismo coso, además de diez salidas por la puerta del Príncipe sevillana. Todo ello, como parte de un impresionante, inigualable, y efectivamente, histórico, bagaje.

El otro festejo de este aniversario de la Santa María será la tradicional corrida navideña, donde se podrá volver a ver al mismo Ventura, donde se despedirá de la afición queretana Ignacio Garibay, y donde se apreciará por estos lares el toreo de un diestro de personalidad propia y escasa, como es Jerónimo.

Ventura regresó a la Santa María, a la que considera “su talismán”, pues fue el coso de su triunfal debut en tierras aztecas, apenas a unos días de una participación contundente en la monumental México, con indulto de toro incluido, y lo hizo sin escatimar entrega, al grado de regalar una res ya con una oreja en el bolsillo.

El portugués dio cátedra de toreo a caballo, pese a que las condiciones de los bureles no le ayudaron mucho; de hecho, gracias a las carencias de codicia de los toros de La Estancia, esa sapiencia torera del rejoneador se mostró a plenitud. Cortó la oreja de su primero, un distraído burel que vendió cara su muerte, y pese a la maestría de su labor en el segundo, al que banderilleó brillantemente al quiebro, tuvo que conformarse con sólo aplausos, al matarlo defectuosamente.

Lo mejor vino con un séptimo, un reservón negro entrepelado de regalo y procedente de San Isidro, con el que los caballos de su cuadra dieron muestra de una torería que raya en lo imposible. A la maestría sumó también Ventura ese carisma que lo caracteriza y el espectáculo adicional de sus impresionantes jamelgos, para llevar al público al éxtasis y cerrar la noche, ya entrada en esas instancias, con dos orejas.

Tesonera fue la faena del queretano Octavio García, El Payo, que despierta siempre en su tierra expectación y controvertidas respuestas del respetable, con el muy complicado segundo de la noche. Fiel a su estilo clásico, el diestro intentó por ambos lados, a pesar de que por el izquierdo el de La Estancia era infumable. El público agradeció su voluntad y honradez con aplausos.

Lo mejor del Payo vino al lidiar a su segundo, al que había recibido con una bella tanda de verónicas y al que le suministró un quite por mandiles. La faena de muleta fue reposada, sin prisas, de rigor técnico y sin concesiones populistas; fue una lidia de torero maduro, que no pudo coronar con la espada.

Por su parte, Luis David Adame apostó por lo efectivo y acabó por alzarse con el triunfo en el que hubiera cerrado plaza, basando su trasteo de muleta en dosantinas (hasta ocho ejecutó para gusto del público), apelando más a la pose que al fondo, y ejecutando la suerte de matar recibiendo. Lo mejor de su trabajo muletero se concentró en un cambio de mano por delante de gran altura y algún buen redondo por abajo con la derecha. Fue premiado con las dos orejas, que el Juez de Plaza otorgó para no meterse en problemas.

Con su primero, el de Aguascalientes había apelado a gustar más que a gustarse, ejecutando saltilleras con el capote y hasta recurriendo, con la muleta, a las poncinas y las bernardinas. Tres pinchazos le impidieron aspirar a algún trofeo.

Varios detalles aderezaron la primera de las corridas organizadas por la empresa que retoma la plaza; detalles que acaso pasaron desapercibidos para muchos, pero que hablan del interés por hacer las cosas bien. A la música que instalaron en las afueras del inmueble, sumaron un concierto de la Banda en el ruedo antes del festejo, la pinta con cal del hierro de la ganadería que envió las reses a lidiarse, y hasta el uniforme de los vendedores en los tendidos. Detalles que dejan entrever eso que, muchas veces, resulta escaso entre los empresarios taurinos: el cariño por la Fiesta.

Vendrá ahora la cita ineludible del calendario taurino en Querétaro desde siempre: la de la corrida de Navidad, donde un cartel distinto parece refrescar el monótono calendario.

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