LA SOMBRA DE MESSI

Amables lectores, se terminó la Copa América Centenario con un título ganado en penales por la selección chilena, tal como sucedió hace un año en el Estadio Nacional, en Santiago, frente a la argentina.

En la suma de ambas finales nadie anotó un gol en tiempo normal ni en el agregado; es decir, en 240 minutos no hubo anotación ni antes ni después. Ante tal paridad de fuerzas, los dos títulos se definieron en la última instancia con el conocido resultado.

Argentina no logra un título de selecciones mayores desde la Copa América de Ecuador en 1993 precisamente frente a México. La crisis tiene muchos nombres y apellidos: Palermo, Schelotto, López, Coloccini, Batistuta, Crespo, Ortega, Simeone, Higuaín, Heinze, Abondanzieri, Almeyda, Maradona, Bielsa, Martino, y los que se agreguen a la larga lista.

El caso Messi es el más referido. La estrella del fútbol mundial de nacimiento rosarino, pero de manufactura catalana, es el gran foco referente de los recientes fracasos –si así se le puede llamar a llegar a cuatro finales–, en el momento de catarsis de un pueblo que respira fútbol desde que despierta.

El 10 argentino es bien amado en Catalunya, ahí es dueño de la grada y de la liga, del vestidor, del estadio y del corazón separatista. Sin embargo, algo sucede cuando se viste de azul celeste y blanco, algo pasa, algo lo desvía.

Dice Jorge Valdano que Messi no juega para ganar con la Argentina, sino para ser perdonado, y quizá lo dice bien.

La presión ha llegado a desnudar a un tipo que es cualquier mortal, cualquier ser humano que sucumbe a la seducción del éxito y al fantasma de la presión.

Los pueblos latinoamericanos tan necesitados de triunfos y héroes elevan a alturas insospechadas a sus ídolos, y así como así, en un momento de distancia, los dejan caer desde el más elevado de los altares en lo que se constituye en un sacrificio cibernético.

Messi regresó a su país e intenta pasar desapercibido, como si hubiera un lugar en el planeta que se lo permita, como si no existieran millones de celulares con el video de su penal errado, de su soledad en la banca y de sus lágrimas al final del encuentro frente a los chilenos.

Pobre Messi, pobre héroe que divide las opiniones de los expertos de sofá, de los intelectuales de Twitter, de los sabios de café.

No soy de la idea de que renuncie a la selección, quizá deba darse un tiempo de distancia, quizá permitirle al equipo argentino encontrar un cuadro que le permita jugar sin él, un equipo de once hombres que salgan a querer ganar por sí mismos.

Hoy pareciera que en el 11 albi-celeste importa más tener el mejor peinado o el mayor número de tatuajes.

 

Hace treinta años, en el estadio Azteca, diez jugadores medianos con el corazón de un león ganaban la Copa del Mundo de la mano de un extraterrestre que, como tal, sigue siendo la más grande sombra de este Messi y de los que vengan en el futuro, porque Maradona sólo hay uno.

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