Las Mujeres

Amables lectores, vivimos en un mundo de convivencia e interacción desde el principio de nuestras vidas y hasta sus últimos minutos. Desde el cunero, pasando por la guardería, el Jardín de Niños y de ahí todo el proceso educativo que lleva casi un tercio de nuestras vidas estamos involucrados en el proceso social que continúa con la vida laboral.

Somos seres sociales, de relaciones interpersonales y de grupo, por elección en la amistad y la pareja y por lazos sanguíneos en la familia. Mujeres y hombres estamos interconectados, más allá del género nuestra especie cohabita, genera, construye, pero también contamina, se autodestruye y debilita.

Estamos en un momento de reflexión y de necesidad de recurrir a la conciencia social. Atender el tema de la violencia contra la mujer es una asignatura que no puede esperar. Las cifras en nuestro país son alarmantes; la mujer vive en un estado de alerta y de intranquilidad.

El piropo “inocente”, la mirada sostenida, la insinuación, el abrazo no pedido, el mensaje de texto incómodo, el manoseo en el transporte público, el acercamiento que traspasa el espacio mínimo y otras acciones conocidas, son situaciones que durante mucho tiempo se pasaron por alto; si bien molestaban, no se expresaban. Cuestiones mayores como el abrazo, los tocamientos y el abuso por parte de un pariente, un compadre o “amigo” son tristes historias más que comunes en muchas familias.

Tengo la fortuna de convivir con muchas mujeres en mis espacios laborales, conozco de varias historias de lucha que se renuevan todos los días con trabajo, estudio, logros académicos, promociones, ascensos, conquistas deportivas, viajes, inversiones, triunfos y satisfacciones personales. Tengo el acertado consejo de mis mejores amigas, y ellas me permiten conocer de sus sueños y retos, de sus malos momentos y de la alegría que experimentan, del saludo de mis compañeras secretarias, magistradas, reporteras, conductoras, periodistas, gerentes, exalumnas, directoras, maestras y por supuesto del invaluable apoyo de mi madre y mi hermana, del abrazo de mi sobrina y las porras de mis tías.

Convivo todo el tiempo con ellas y entiendo lo que les disgusta y molesta, lo que les inquieta y lo que valoran y las hace felices; creo que todos lo entendemos pero a algunos no les importa. Compañeros lectores, respetemos, protejamos, entendamos lo que ellas necesitan, escuchemos sus sueños, valoremos sus esfuerzos, compartamos sus anhelos y obedezcamos al primer NO.

Es un tema de sociedad, de involucramiento, de respeto elemental, de igualdad, de equidad, de vida. Las mujeres del mundo deben vestir como quieran, dedicarse a lo que deseen, caminar por todas partes, estudiar, trabajar, bailar, correr, jugar, rezar, cantar, salir de casa y llegar intactas a su destino. Es tiempo de cohabitar en armonía y en el respeto por ellas.

Vivimos desde ellas.

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