UNA NOCHE DE COPA

Amables lectores, tengo más de treinta años asistiendo al futbol en el Estadio Corregidora, como aficionado, reportero y desde hace cinco años para narrar los partidos del Club Querétaro.

El ritual es casi el mismo: llegar dos horas antes, cuando solo están ahí los vendedores, patrocinadores y personal del club, los estacionamientos libres y las caras conocidas de siempre. He procurado no tener ninguna actividad o compromiso en día de partido; así, la impaciencia por salir al estadio es exclusiva de un servidor en propia casa.

Vivo cerca del Corregidora, lo cual me permite en ocasiones ir caminando en un recorrido que resulta igual de grato que en coche; siempre he pensado que llegar al estadio sigue siendo una emoción muy arraigada, que supera cualquier contratiempo o mal rato.

Por cuestiones de comercialización, como dicen los que manejan estos rubros en el grupo radiofónico donde colaboro, no trasmitimos el partido de Copa contra Zacatecas, lo cual me permitió, sin alterar el ritual, disfrutar de otras sensaciones y del tiempo mismo antes y durante el juego.

En esta ocasión tuve la oportunidad de acceder al vestidor local y ver por primera vez tan cerca a los jugadores y el cuerpo técnico, ahí en la intimidad del lugar cercano al renovado túnel que lleva a la cancha.

Los últimos mensajes de aliento, la motivación, el Padre Nuestro y el grito de batalla me emocionaron, pensé que si yo me pusiera esa camiseta azul y negro cada 15 días seguramente saldría con lágrimas en los ojos al terreno de juego.

Vi el juego desde un palco, con amigos y con la inercia de estar narrando cada jugada y cediéndole el comentario a los cercanos. Lo disfruté mucho, sin embargo reafirmé que me apasiona estar ahí y narrar, con el mismo ritual, saludando al profesor Silis en la cancha, pasando por un choripan al camión de Marcelo, recibiendo con un abrazo a los compañeros de la Televisión, intercambiando algún punto de vista con los colegas, saludando al amable señor de la puerta del cual desconozco su nombre, escuchando a los aficionados que se manifiestan con pasión, con el nervio previo para entrar al aire y los apuntes en su cuaderno de Esponda, la prueba de voz del ingeniero José Miguel, las indicaciones de Roger, el eficiente productor, y la energía de Mary Carmen, que es pura luz en el palco de transmisión.

Sin importar si hace frío o calor, si hay problemas o una gran fiesta familiar en desarrollo, todo se queda suspendido en el momento que me pongo los audífonos y una voz desde cabina me dice: “Preparado, Sergio, iniciamos en 5,4,3…”.

Soy un bendecido por hacer lo que más me gusta, lo que soñé desde niño narrando partidos imaginarios en una grabadora donde mi papá me grababa en cassettes presentándome a los radioescuchas.

El futbol me paga y además me da vida en todos sentidos. Que viva el futbol, que esté siempre presente, que nunca nos falte y siempre nos alimente el alma.

Dale futbol a tu corazón.

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