CHIVAS

Amables lectores, se termina septiembre con olor a Navidad, con equipos en lo alto, con agradables sorpresas, con los grandes en renovación y los del Norte con su torneo particular.

En Guadalajara las Chivas dieron golpe de timón, Tomás Boy no pudo con el paquete del club más popular del país en la que es quizá la más alta y probablemente la última responsabilidad de su carrera como técnico. Llega Luis Fernando Tena, entrenador de la vieja escuela; tipo sereno, pausado, estudioso y amable.

Tuve la oportunidad de tratarlo en su paso por Gallos, siempre dispuesto a platicar de futbol, con una medalla de oro olímpica en su currículum y dos ligas en el torneo mexicano.

Chivas es el equipo quizá más representativo del futbol nacional, su plantilla sin extranjeros, sus campeonatos, su moderno estadio, sus figuras pasadas, su tradición, sus colores, su escudo, su afición por todo mundo y su prosapia son un capítulo obligado para entender y conocer al balompié mexicano.

Hoy, el Rebaño Sagrado navega en el fondo de la tabla porcentual, con pocas opciones de Liguilla y con el cambio número 27 en la Dirección Técnica desde la llegada de la familia Vergara al mando del equipo.

Pienso que la grandeza de Chivas está vigente, no ha cambiado a pesar de su crisis deportiva, su afición no los ha abandonado y continúa comprando camisetas y llenando estadios en todo el país, quizá más que en su propia cancha en Zapopan. Si Chivas anda bien el síntoma se replica en el escenario nacional y en la propia selección.

Urge que su cantera produzca, que sus jóvenes jugadores se consoliden, que la selección se nutra de Chivas, que su escuadra femenil trascienda y que sea un digno rival de escuadras europeas en los torneos de verano en Estados Unidos, entre otras muchas cosas.

Se asoma octubre con su balón en color rosa y la parte adulta del torneo. Chivas comienza otra nueva era, otra reestructuración, otro proyecto quizá más azaroso que con rumbo.

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