INMORTALES

Amables lectores, el mundo del deporte vio partir a dos hombres singulares en sus trayectorias profesionales, los dos dedicados en cuerpo y alma a sus carreras, dejando un ejemplo de entrega y constancia tanto en la pista como en el cancha. Niki Lauda, el piloto finlandés campeón de Fórmula Uno, y Osvaldo Batocletti, jugador y entrenador argentino arraigado en México campeón con Tigres, partieron a otra dimensión y su legado los ha inscrito en la historia de sus disciplinas y en el recuerdo de los aficionados.

La vida de los deportistas tiene capítulos muy marcados, la parte de su niñez y formación, su vida deportiva, donde se cosechan los éxitos y derrotas y la parte del retiro; los momentos que complementan aquellas vivencias de reflectores y protagonismo hasta el fin de los días. Pocos son los que pueden salir victoriosos; en el ejercicio del poder deportivo, cuando la prensa y los fanáticos enaltecen los logros, algunos se estacionan y en el despertar del retiro las cosas no se suceden en paz, no se encuentra el balance y la añoranza termina con muchos.

Lauda se sobrepuso a condiciones adversas de vida, a un accidente terrible que lo tuvo al borde la muerte y con quemaduras que le afectaron en la estética más no en su espíritu luchador, en ocasiones petulante, por alcanzar la cima. Batocletti, como muchos argentinos, llegó muy joven al futbol mexicano; central de fuerte presencia siempre puntual en las jugadas, con gran juego aéreo y particularmente un liderazgo probado en la cancha y el vestidor, se convirtió en quizá uno de los ídolos históricos de los Tigres.

En todos los campos de la vida hay altas y bajas, temporadas de siembra, de cosecha, de éxitos y derrotas; en los casos de Lauda y Batocletti su carácter les permitió sortear los obstáculos, la fama, la calma y convertirse en inmortales.

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