LA EMOCIÓN DE EUROPA

Amables lectores, una vez más el futbol dejó en claro que es una actividad sin rumbo definido, con destinos que cambian, sucesos inesperados y desenlaces fantásticos.

Lo que se vivió en las semifinales de la Champions League dejó en claro que no existen imposibles ni enemigos pequeños, que los partidos deben jugarse al máximo más allá de los 90 minutos, que el tiempo de reposición puede ser letal, que no hay nadie más grande que este deporte y que, como la vida misma, nada está escrito.

Las aficiones de Barcelona y Ajax confirmaban reservaciones y rutas para llegar a Madrid el próximo 1 de junio para la gran Final de la Champions. Primero fueron los catalanes quienes cancelaron y después los holandeses que ya llevaban el conteo final para estallar en júbilo cuando apareció Lucas Moura para dejar tendidos los sueños de los juveniles jugadores maravilla del cuadro de Ámsterdam y a sus seguidores que también tuvieron que cancelar su viaje a Madrid.

Tottenham y Liverpool estarán en la casa del Atlético para dirimir quién es el más grande del viejo continente, sus aficiones ahora son las que planean el viaje, piden prestado, venden el auto, empeñan las joyas o sacan los ahorros para acompañar a sus equipos a esta cita con la historia.

Nadie por encima del futbol; ni el mismo Messi con su nombramiento divino bien ganado en la cancha pudo contener el destino terrenal de quedar fuera del partido del año.

Una Final inglesa con dos equipos con jugadores de todo el planeta, los dos acompañados por el drama pero también por el buen juego y el sello de ganar y gustar reconociendo los principios más honestos del deporte más bello del mundo.

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