EL FUTBOL SIN ALEGRÍA

Amables lectores, el futbol es alegría, emociones, expresiones y un acumulado de sensaciones para quienes lo practican y lo seguimos en la cancha llanera, el estadio, el patio de la escuela, la televisión, la radio y las charlas en torno a un café, un estudio de TV o un democrático puesto de tacos.

El GOL es la expresión máxima, la celebración eufórica que catapulta hasta el cielo, el éxtasis delirante y la comunión íntima entre el anotador y la afición. Sin embargo, de un tiempo para acá el festejo está castrado, sancionado, limitado, intimidado por las reglas de quienes paradójicamente pareciera nunca jugaron al futbol.

En la alegría del gol será sancionado quitarse la camiseta, celebrar de forma “desmedida”, colgarse del enrejado (si lo hay), portar leyendas propagandísticas o familiares debajo de la camiseta, bailar o montar coreografías, correr como despavorido por toda la cancha festejando –pues esto retrasa el juego–, quitarse los zapatos simulando un teléfono, ponerse máscaras y derribar la publicidad estática entre otras “malas conductas”.

El aficionado tampoco tiene la libertad de ingresar al estadio con las multicolores banderas, trapos, paraguas, mascadas o bufandas, periódicos, matracas, cartulinas y en algunas sedes incluso no se permite entrar con cinturones. Está claro que los espacios para la celebración se reducen, a las porras visitantes se les “invita” a salir de las gradas 15 minutos antes de concluir el encuentro, perdiéndose en ocasiones goles de sus equipos, a los niños los miden en la entrada para ver si son objeto de pago de boleto, a los adultos nos catean como si fuéramos a ingresar a un penal, a los entrenadores se les pone guarura con figura de árbitro asistente para revisar todos sus movimientos y echarlos en cualquier momento y los reporteros no deben salir de las zonas destinadas para ejercer su “libertad de expresión”.

Ante todo lo anterior me pregunto: ¿dónde quedó la alegría en el estadio? Nuestro deporte favorito está entrando en una especie de secuestro que le roba a pasos agigantados las sensaciones; ahora que si se trata de estar sentados, callados, ordenados y aplaudiendo únicamente, lo ideal son la ópera y el teatro.

El comienzo del ciclo mundialista es buen momento para trazar un plan de trabajo serio para el futbol mexicano de cancha y de escritorio, un cambio radical que se preocupe por el activo más valioso, el que paga sueldos, consume productos y compra boletos: el aficionado.

Síganme en Twitter: @SERGIOBAILLERES

Visto 462 veces