EMILIANO SALA

Amables lectores, la historia de Emiliano Sala, el jugador argentino vendido del Nantes de Francia al Cardiff de la Premier League, resultó en su momento un traspaso millonario para el conjunto de Gales. El delantero dejó su país a los 15 años para probar suerte en divisiones menores del futbol francés, en donde desarrolló toda su carrera.

Se trataba de su primera incursión fuera de Francia, lo cual significaba un impulso importante en su carrera. La noticia de la desaparición del vuelo privado en el Canal de la Mancha el 21 de enero sacudió al mundo del futbol, conmocionado por el suceso y más aún por un audio enviado por el propio jugador desde el vuelo en el cual enviaba un mensaje a sus amigos con un toque de nerviosismo quizá por lo irregular de la travesía.

Al momento de escribir esta columna los esfuerzos por encontrar el rastro de la avioneta Piper PA-46 Malibú han sido en vano. La Guardia Costera de Guernsey, la localidad más cercana de donde se tuvo contacto con la aeronave, ha peinado la inmensa zona con nula suerte.

Más allá de la lamentable pérdida, la reflexión me lleva a pensar en todos los miles de jugadores, entrenadores, asistentes, directivos, promotores, periodistas, árbitros, federativos y demás personas involucradas en el mundo del futbol que cada semana viajan por distintas vías para cumplir con los compromisos. Autobuses, aviones, trenes e incluso barcos son asiduos anfitriones de plantillas completas que recorren miles de kilómetros a lo largo de temporadas.

Algunos equipos con más suerte que otros tienen a su disposición modernos autobuses propios y vuelos privados que los esperan terminando el juego para volver a casa sin escalas, sin pasar por las salas de espera ni empleando varias horas para abordar, como sucede en los vuelos comerciales. Otros recorren horas y horas en incómodas unidades sorteando todo tipo de obstáculos: carreteras en mal estado, asaltos, descomposturas del vehículo, temperaturas extremas, accidentes, retrasos y agresiones de algunos desadaptados que le avientan de todo al autobús del equipo visitante.

La vida del futbolista es de un movimiento constante entre vuelos, autobuses, hoteles, giras, estadios y horarios inusuales de viaje. La historia da cuenta de accidentes con lamentables pérdidas, como la del Chapecoense de Brasil, el de los Gallos Blancos de la UAQ en 1987 y el referido en este espacio por citar algunos.

Mucho se habla de los procesos de adaptación de los jugadores en sus cambios de equipo, ciudad e incluso país; ahí es donde reflexionamos acerca del ser humano, que antes de estar a tono en lo físico y futbolístico debe procurar que su familia esté sin sobresaltos para tener la mente puesta en el objetivo.

El mundo del futbol recuerda a Emiliano Sala.

Visto 294 veces