EL ENOJO DEL FÚTBOL

Amables lectores, River Plate se coronó Campeón de la Copa Libertadores 2019 venciendo a Boca en Madrid. Las circunstancias de una final postergada primero por la lluvia en Buenos Aires, por una fecha FIFA entre los juegos de ida y vuelta y por los hechos de violencia cercanos al Estadio Monumental le pusieron un toque de expectación por encima de lo normal a un partido que de suyo reunía todas las características para ser de una alta convocatoria en todo el mundo.

El resultado catapultó a River a la gloria de vencer al odiado rival y le otorgó el pase al Mundial de Clubes en desarrollo. Mucho se ha escrito y comentado acerca del juego en la cancha y fuera de ella. Para un servidor, la reflexión va más allá del vencedor o el vencido incluso por el tema de llevar la final sudamericana a suelo europeo. Lo sucedido en Argentina no es exclusivo de esa nación, el futbol se ha convertido en un instrumento de expresión del enojo popular, del odio y del rencor.

El aficionado que acude a un estadio busca espectáculo y alegría, pero también, como afirma Jorge Valdano, termina descubriendo lo peor de sí mismo envuelto en una ola de emociones y sensaciones que se funden con el anonimato de la multitud. Hay furia en atacar al rival, en silbarle, en gritarle al portero en el despeje, en lanzarle piedras al autobús del visitante, en aventar vasos o lo que se encuentre al jugador rival que se acerca a cobrar un tiro de esquina cerca de la grada.

En el extremo del enojo hay golpes entre las barras de los equipos y en ocasiones entre los integrantes de las propias barras. El árbitro es el centro del enojo, de las mentadas de madre y de los silbidos por su actuar; hace poco me tocó estar en un juego de la Liga de Ascenso en un lugar cercano a la banda por donde corría la jueza asistente o abanderada, quien aguantó estoica un vendaval de agresiones verbales por parte de 2 o 3 patanes que por pagar un boleto se creen con el derecho a insultar a una mujer que cumple con su trabajo. El futbol necesita retomar su naturaleza desde el partido amateur, las ligas infantiles en donde he visto a papás llegar a los golpes pasando por las ligas profesionales y los torneos internacionales.

Latinoamérica está a tiempo de corregir errores y enmendar el rumbo para que el futbol siga siendo la fiesta de nuestros países y de millones quienes encontramos en este deporte un referente constante de alegría y orgullo por nuestros colores. Es tarea de todos los que vamos al estadio y queremos al deporte más hermoso del mundo, como dice Luis Omar Tapia.

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