BOCA Y RIVER

Amables lectores, la final de la Copa Libertadores encuentra un duelo inédito con ingredientes que atraen la atención del mundo futbolístico. River y Boca no solo paralizarán a la gran capital argentina, que tendrá casi todo el mes de noviembre para vivir y comentar la serie a dos juegos primero en la Bombonera y después en el Monumental de Nuñez.

CONMEBOL decidió jugar los sábados con una fecha FIFA en medio, en donde hay que señalar que la selección local enfrentará a México en una doble cartelera en Córdoba y Mendoza, excluyendo a Buenos Aires quizá para no distraer la atención del gran superclásico.

Las charlas futboleras van más allá de estilos y tácticas de juego y se remontan a la polémica acerca de si este es el clásico más pasional del balompié mundial. Yo así lo creo, por encima del Madrid contra Barcelona, y del Milán frente al Inter. El reglamento sudamericano permite mantas, trapos y bengalas en las gradas, contempla tiempos extras sin gol de visitante doble, no incluye al VAR y excluye a las barras visitantes.

El ganador tendrá gloria eterna frente al odiado rival y además asistirá al Mundial de Clubes en diciembre; el perdedor lo sufrirá el resto de su historia, así de claro y contundente. Argentina respira tango, asados y futbol; sin importar la hora el lugar o la condición económica mujeres y hombres, niños y adultos mayores se involucran en esta pasión encontrada entre dos equipos que han marcado durante años a familias por rivalidad.

Mauricio Macri, el mandatario argentino, fue presidente de Boca y seguro estoy que desde la Casa Rosada será difícil mantener la imparcialidad de parte del hombre que dirige a la nación pero que también llevó a los xeneizes a títulos intercontinentales.

Mi pronóstico va con Boca por su contundencia y juego de conjunto, aunque su punto débil parece estar en la portería. Por su parte River tiene el impulso anímico de haber dejado en el camino a Gremio en su propia casa. Será una lucha épica que todos disfrutaremos.

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