EL ATLÉTICO RIVAS

Amables lectores, el Atlético Rivas es un equipo amateur de futbol que tiene su sede en cualquier colonia popular de cualquier ciudad de nuestro país. Tiene sus orígenes en un domingo soleado de hace más de 30 años, cuando don Antonio Rivas aportó de su bolsillo una cantidad modesta para comprar uniformes y patrocinar a sus trabajadores, los amigos de sus trabajadores y los parientes de sus trabajadores para que participaran en un torneo interbarrios que otorgaba al campeón un bonito trofeo y… uniformes de futbol.

Después de un arduo estudio de mercado, de consensuar en diversas juntas de trabajo y en consultas con los socios de la Maderería Rivas, prestigiado local arraigado en el barrio y conservado por cuatro generaciones, los involucrados en el proyecto futbolístico llegaron a la conclusión de nombrar al incipiente conjunto de manera pomposa: Atlético Rivas Futbol Club.

El Atlético Rivas ha deambulado sin pena ni gloria por el torneo del barrio. Si bien ha generado adeptos y seguidores, los trofeos en las repisas de la maderería se cuentan con los dedos de una mano y se deben a reconocimientos por juego limpio, subcampeón de goleo y un subcampeonato en el lejano 1999. Sin embargo, quienes continúan con la tradición de acudir los domingos al polvoso campo ubicado cerca del relleno sanitario han encontrado lo más cercano a un ritual sagrado, que solo se interrumpe por las vacaciones navideñas, algún funeral o las fiestas del pueblo.

Llegar temprano a pintar con cal las líneas que delimitan el irregular terreno, colocar las redes en las ladeadas porterías, partir el ciento de naranjas, preparar las bolsitas con agua y por supuesto surtir la hielera con cervezas bien frías y machacar bien los 4 kilos de carnitas para degustar al término del encuentro son tareas que recaen en las manos expertas de Dionicio y su sobrino José, quienes desde el viernes se preparan para cumplir con el encargo.

La plantilla de jugadores se compone de trabajadores y agregados de la maderería. Don Antonio sigue pendiente de sus muchachos, de los uniformes nuevos cada temporada y de los gastos por arbitraje, balones, cervezas y carnitas.

En el Atlético Rivas juega el “Güero” Sandoval, un zurdito de buen drible de 19 años ‘apalabrado’ para ir a probarse a la brevedad con el San Francisco de la Segunda División. Con los Rivas sigue jugando el “Aguacate” Solís, quien a sus 37 platica su experiencia efímera cuando fue seleccionado estatal y se enfrentaron a las reservas del Atlante hace 20 años, lo más cercano que estuvo del profesionalismo. Hoy es padre de cuatro y reparte su tiempo entre su plaza como maestro por las mañanas y el manejo de un taxi por las tardes.

La porra familiar del Atlético Rivas está hecha de esposas, novias, amigas, compadres, chiquillos y vecinos de la comunidad, que siguen a su equipo a todos lados, alientan y son fieles en las buenas y en casi todas las malas. En el ánimo de destacar y lograr el título, don Antonio le pidió de favor a su amigo de la infancia el “Panza” Guerrero que se hiciera cargo de la dirección técnica; la experiencia como entrenador de la selección municipal en 1994, del equipo del Sindicato Textil en 1997 y un curso para entrenadores en las instalaciones de la Tercera División en 2001 fueron las cartas credenciales para encomendarle la misión, que sin embargo no llegó a buen puerto en el torneo recién concluido, pues los números no fueron  los esperados: 4 victorias, 7 empates y 8 derrotas.

Los colores del uniforme son una tradición, la camiseta a rayas verticales en amarillo y rojo con el short y medias en negro son el sello y la identidad del Rivas, como se le conoce en el ambiente futbolero local. Torneos van y vienen, el campeonato aún no llega pero eso es lo de menos, la convivencia y el espíritu de competir defendiendo sus colores motivan a don Antonio, a Dionicio y su sobrino y en general a todos los seguidores del Atlético Rivas a no abandonar el proyecto, a reunirse cada domingo, a la posada tradicional de diciembre, a la misa de comienzo de torneo, a la celebración por el Día de las Madres y la Guadalupana, a las carnitas y las cervezas y por supuesto a lo más importante de lo menos importante: el bendito futbol.

Cualquier semejanza de este relato con el equipo de su barrio es mera coincidencia.

Sígame en Twitter: @SERGIOBAILLERES.

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