GALEANO

Amables lectores, las grandes capitales sudamericanas tienen ese toque nostálgico por lo europeo en una conjugación de un montón de coincidencias con el Viejo Continente, coincidencias arquitectónicas, gastronómicas, culturales, sociales e incluso genéticas.

El fútbol es una de esas mágicas coincidencias, la manera sudamericana de vivir el balompié es incluso una pasión fervorosa mucho más encendida de este lado del mundo que en aquellas latitudes.

Montevideo fue la cuna de la  Copa del Mundo, ahí en el mítico Centenario el francés Lucient Laurent le anotó a México el primer gol de estas fantásticas historias que se suceden cada cuatro años.

Uruguay, esa pequeña nación de tres millones de habitantes enclavada en el Río de la Plata ha sido tema frecuente en los tiempos recientes, desde su decisión de legalizar la marihuana, el brillante y mundialmente comentado mandato gubernamental de José Mujica con su toque de austeridad que desnudó a miles de políticos por todo el mundo y la obra de un grande de las letras y el observatorio social y futbolístico.

Eduardo Galeano recogió durante décadas en Sudamérica y España, el sentir de la calle, el respirar del asfalto y particularmente del rodar del balón de fútbol.

“¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales, el desprecio de muchos intelectuales conservadores se funda en la certeza de que la idolatría de la pelota es la superstición que el pueblo merece”. (Galeano, El Fútbol a sol y sombra)

Eduardo fue duro crítico de la FIFA y de la comercialización excesiva del fútbol, hincha de Nacional en su país, estudió y conoció de primera mano la cruda realidad latinoamericana y sus encuentros cotidianos con la corrupción, los caprichos del poder y la pobreza de cientos de ciudades que de vez en cuando escupían de sus campos de tierra y lodo a verdaderas joyas y diamantes como sucedió con: Pelé, Maradona, Zico, Chilavert, Hugo, Oblitas, Recoba, el “Mágico”, Higuita, Zamorano y tantos más.

Sus obras imperdibles todas, pero sin duda indispensables: “Las venas abiertas de América Latina”, “Nosotros decimos no” y “El Fútbol a sol y sombra”.

Lo volví a leer esta semana y me resultó refrescante, vigente, como si continuara entre nosotros relatando el acontecer de cualquiera de los pueblos latinoamericanos.

En este mundo tan repentino, súbito, de tráfico y ruido siempre será reconfortante tomarse el tiempo para la lectura y la reflexión.

 “Rueda la pelota, el mundo rueda. Se sospecha que el sol es una pelota encendida, que durante el día trabaja y en la noche brinca allá en el cielo, mientras trabaja la luna, aunque la ciencia tiene sus dudas al respecto”: Eduardo Galeano.

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