Consejos de nutrición para pensar en los jóvenes

Evalúo jóvenes que a los 18 años tienen edad metabólica de 80 por su composición corporal, muy altos en grasa y mal depositada, en las vísceras, con signos y síntomas de resistencia a la insulina, antesala a la diabetes. Además de la situación personal tienen por herencia diabetes mellitus por todos los abuelos, factor que por cada lado predispone 40% de posibilidad de heredarla. Ese joven de 15 años está a un tris de ser diabético.

Otros jóvenes de 18 que evalúo por escaneo resultan con la próstata calcificada, inflamada por el exceso en el consumo de refrescos, ya predisponiéndose desde temprano a cáncer de próstata y enfermedades de riñón y vías urinarias; 15 o 18 añitos y ya con esos problemones, detectados en un minuto en mi consultorio, pero el daño fue incubado desde mucho tiempo atrás. 

Y ¿dónde están los papas de esos jóvenes?; y, lo que es peor, ¿cómo están? Muy ocupados, emproblemados, enfermos, inconscientes de la importancia de tener salud. No juzgo  porque por gusto no estamos mal nadie, pero me genera impotencia la situación del joven de 15 con cuerpo de 80, que en la consulta le decía a su mamá: ¿Ya ves?, llévame la comida preparada; a lo que respondió la mamá: Aprende porque no vas a tener a tu mami junto a ti para prepararte la comida toda la vida.

Sin la presencia del joven le dije a la señora: Tu hijo no vive contigo desde hace 5 años, dice que come hot dogs en el oxxo a diario, ¿crees que no necesite a su mamá? Ella me decía que para atenderlo tendría que echarse un problemón con su actual marido posesivo. Para que los hijos estén bien, los padres deben estar bien, habría que sopesar qué le causaría más daño al joven: comer en el oxxo o una mamá con más problemas.

Jóvenes enfermos son reflejo de una sociedad en la misma situación, heredando desorden, ignorancia, falta de responsabilidad y de educación, con vacíos espirituales y malos hábitos.

Nos enfrentamos a situaciones familiares y sociales muy complejas, en donde apenas sobrevivimos. Sin embargo, pequeños cambios en los hábitos de salud a la larga hacen sumatoria positiva, como comer más verduras y frutas, tomar más agua, algún taco de guiso, un lácteo.

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