HOMENAJE A LOS QUE SE FUERON

Cada semana pienso en las dudas más frecuentes acerca de nutrición o sucesos significativos en mi vida profesional que me inspiren para mi siguiente artículo de Magazine. Pensé en la tradición del día de muertos, en el deseo de atraer a nuestros difuntos con deliciosas ofrendas, pero me la he pasado con un nudo en la garganta por el reciente fallecimiento de nuestro amigo comunicador Carlos Aníbal, hombre sencillo, auténtico, humanitario, que adquirió una enfermedad autoinmune; como en cualquier despedida de alguien joven, nos deja con sabor a injusticia y con múltiples dudas existenciales.

Hoy solo tengo espíritu para homenajear a mi amigo y recordar a mis muertos. A mis 19 murió mi hermano de 27, también de rara enfermedad. En esa época todas mis creencias se pusieron en duda, con mucho dolor la muerte va haciendo que aprendas de la vida. Con los años he aceptado que existen muchos sucesos inexplicables, que solo ante una interpretación espiritual nos podemos quedar en paz, como el decir: "solo Dios sabe".

Si Carlos Aníbal no fumaba, no tomaba, cuidaba su peso, era trabajador, buen padre y amigo, creyó en mí, me ofreció un programa de radio por internet, últimamente  era gerente de una estación de radio, ¿cómo que se murió por una enfermedad que no se conoce bien, ni cómo se adquiere, ni por qué lo mató? Síndrome de Guillain-Barré en donde tus propias defensas atacan tus nervios, inmovilizándolos; es como meterse auto gol.

Son de esas muertes con las que nos quedamos pensando: ¿Ya ves?, para qué me cuido si él, tan saludable, se murió? Mi hermano hacía pesas, comía muchísimo, yo entonces no era nutrióloga pero ya me sorprendía lo exagerado de su deporte y alimentación para verse fuerte. He encontrado algunos datos que confirman que el exceso en la ingesta de proteínas favorece enfermedades malignas. Pero fue otro caso que hizo pensar a muchos: ¿Para qué cuidarse?

Carlos Aníbal había bajado mucho de peso cuando acudió a consulta de nutrición conmigo. Mucho tiempo fue delgado y su porte denotaba su crecimiento personal, por eso me parece honorable que recordemos su alegría y actitud positiva, aunque también  nos deje con la reflexión de aceptar lo inexplicable: ¿por qué a él, que no se lo merecía?, aunque también tengamos que trabajar en aceptar lo inentendible, como en muchos  otros casos.

Lo inexplicable y el sabor de boca a injusticia, no es motivo o pretexto para dejar de cuidar nuestra salud o descuidar nuestro templo; solo Dios sabe, pero todos creemos que por él no quedó, ni diabetes, obesidad, hipertensión, provocadas por malos hábitos pueden hacer que pensáramos mal de él o que dejara un mal ejemplo de salud. Son los casos que siembran nuestra fe, creencias, ánimo, pero que en un ser maduro hace que lo inexplicable quede en manos del creador, y lo posible en nuestras manos. 

Cuidar el cuerpo y la salud es sabroso, te deja el orgullo de haber cumplido con lo tuyo, soltar los resultados es de sabios, y no controlar o entender todo es de madurez. Yo espero que a mi muerte se piense en ejemplo de salud y equilibrio de vida, sea cual sea la forma en que el creador me lleve. Adiós, Carlos Aníbal, gracias por creer en mi trabajo de nutrióloga y porque la despedida te encontró responsable.

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