SEGUNDO INFORME

Un escenario austero, con mampara como de escuela pública en 15 de septiembre, sillas comunes y corrientes nada cómodas, un patio antiguo de edificio histórico que ha soportado lluvias, sismos y el paso del tiempo; escolta con bandera sin moverse de su lugar, setenta invitados pandémicamente separados.

Dos citas textuales aparecen en el discurso, que algunos califican de mañanera ampliada sin advertir que en realidad es lo contrario, es una mañanera sintetizada, de apenas una hora.

No se citó a Marx, tampoco al Ché, a ninguno de los autores o héroes del mal llamado “comunismo” o “socialismo”, no, además del poeta Carlos Pellicer el lugar le corresponde a: «Aquí recuerdo lo que sostenía Adam Smith, que bien podría constituir uno de los fundamentos de la economía moral que estamos aplicando; decía: “Por más egoísta que quiera suponerse al hombre, evidentemente hay algunos elementos en su naturaleza que lo hacen interesarse en la suerte de los otros de tal modo, que la felicidad de éstos le es necesaria, aunque de ello nada obtenga, a no ser el placer de presenciarla.” En otras palabras, la alegría ajena es nuestra propia dicha.»

Este agudo pensador escocés, me refiero a Adam Smith no a AMLO, tiene una interesante y abundante obra escrita fácil de conseguir y analizar. Quien tenga interés lo podrá hacer. Para este texto basta marcar la preferencia por dicho filósofo considerado uno de los fundadores de la economía moderna sin restringirse a ese campo de estudio.

En todo el discurso lopezobradorista está esa “economía moral” que en pleno ambiente neoliberal no puede sonar más conservadora. El libro “Teoría de los sentimientos morales” de Adam Smith se publicó en 1759, existen múltiples interpretaciones de su teoría desarrollada en obras posteriores, pero esos “valores” producto del intercambio económico están siempre presentes. Un ejemplo aplicado a los negocios:

«Para él, la moral es un “proceso de mercado”, un proceso evolutivo que se desarrolla a través de intercambios, y si hay intercambios, entonces, la relación entre lo que se entrega y lo que se recibe bien podría llamarse un precio. Serían, por ejemplo, de benevolencia por gratitud o magnanimidad por admiración. Para entender bien el punto pensemos en nuestras propias actitudes, ¿cuánto tiempo seguiremos haciendo favores a alguien si no recibimos ningún tipo de agradecimiento? También habría otro tipo de “intercambios”, que llama de justicia, del tipo: no me matas, no te mato; no me robas, no te robo. Un tercer tipo sería el de “vindicación por daño”, ya que quien se siente dañado (no ya físicamente, sino moralmente) demanda una vindicación. Se intercambian sentimientos, comportamientos, juicios de aprobación. Estos “intercambios” pueden explicarse a partir del concepto de “simpatía” que Adam Smith presenta en la TSM —Teoría de los sentimientos morales—, esa atracción que tenemos hacia otros y esa aprobación que buscamos por parte de los otros hacia nuestros actos. “Como si estuviéramos esperando la aprobación del otro”. La “simpatía” se produce de una forma particular, nos ponemos en el lugar del otro y entendemos sus penas y sus alegrías, pero nunca lo serán en la misma intensidad de quien las tiene. Por eso, rebajamos el “tono” de nuestras pasiones para que el otro pueda aceptarnos.» https://bazar.ufm.edu/adam-smith-la-teoria-los-sentimientos-morales-somos-egoistas-altruistas-ambas-cosas/

Mientras sus opositores sigan centrando sus críticas en superficialidades, en creer que AMLO es más ignorante e ingenuo que ellos, seguirán peleando dentro de sus propias mentecitas, si piensan que los memes que rayan en lo grosero y grotesco le hacen mella a alguien a quien no le atribuyen la experiencia y el conocimiento que sí tiene, tienen la batalla y la guerra perdidas.

En algo tienen razón. El segundo informe, al menos el discurso público que escuchamos no habla del país “que es”, se refiere al país que “puede ser”, allí es donde le gana la imaginación, el proyecto a sus supuestos opositores que no atinan a proponer nada. Hasta la “consulta” para enjuiciar a los expresidentes les parece más una ocurrencia que parte de una propuesta o estrategia de largo alcance y se enredan en legalismos, en interpretaciones teóricas que no le dicen nada a quien acude a firmar, a quien se sigue sintiendo agraviado por décadas de corrupción, por esa “escoria ladrona” como la caracteriza Álvaro del Regil, a quien citamos en un texto anterior. http://andresestevez.mx/magazine/columnas/joaquin-cordova/item/26719-no-somos-lo-mismo

El segundo informe y algunas opiniones presidenciales de antes y después del mismo son absolutamente congruentes con su historia y su discurso, pero, y eso siguen sin entenderlo, es otro guiño para hacer las cosas por las buenas: «En los casos en los que se está implicando a expresidentes de la República, he propuesto, que las autoridades responsables desahoguen el asunto con absoluta libertad, y que de ser necesario se celebre una consulta para conocer la opinión del pueblo. He dicho, y reitero, que yo votaría por no someterlos a proceso pues mantengo la postura que sostuve en mi toma de posesión, según la cual, “en el terreno de la justicia se pueden castigar los errores del pasado, pero lo fundamental es evitar los delitos del porvenir”.» La misma oferta de amnistía que les hizo en su registro como candidato presidencial, por tercera vez, ante el IFE-INE, pero siguen en su avaricia descontrolada que los lleva directo al despeñadero.

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