TODAVÍA NO ENTIENDEN

Dicen que polariza al país sin entender que fueron sus prácticas, su “modus vivendi”, su modelo económico y su mañosa forma de justificarlo lo que ya había producido millones de pobres. Todos los indicadores apuntaban a lo mismo y nunca lo quisieron ver porque no les convenía: México era, y sigue siendo uno de los países más desiguales del mundo.

Pero no era una desigualdad “natural” ni producto de un crudo darwinismo social, era la desigualdad de la falta de oportunidades, de la negación de derechos, del injusto reparto de la riqueza que generamos todos, de la corrupción e impunidad vergonzantes por cínicas.

Les sigue ganando la soberbia y el rencor por eso fallan en el diagnóstico. Siguen sin entender que no entienden.

En un pasado no muy remoto, muchos escuchamos y leímos, sin poderlo creer, que al hartazgo social se respondiera con el borrón y cuenta nueva. Que el candidato puntero y después amplio triunfador propusiera casi una amnistía a esos que se habían enriquecido a tal grado que sus prácticas antiéticas y corruptoras les habían alcanzado para legalizarlas o convertirlas en delitos no graves. Parecía que se buscaba negociar el “déjennos trabajar y bajarle a la corrupción” a cambio de disminuir los afanes persecutorios.

Así comenzaba la nota publicada en La Jornada y replicada en un tono parecido por el resto de los medios de comunicación, el 17 de marzo del 2018: «Andrés Manuel López Obrador, candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, integrada por Morena, Partido del Trabajo (PT) y Encuentro Social (PES), extendió ayer su mano abierta y franca a sus adversarios, a quienes rechazó ubicar como enemigos. Tras su derrota, dijo, no habrá represalias, persecución ni destierro para nadie, porque lo que se necesita es justicia, no venganza.»

Pero también fijó un límite que, a la larga, no sería tomado en cuenta ni respetado por los que ahora se dicen víctimas de sus propias fechorías: «el tabasqueño envió a integrantes del poder político y económico del país el mensaje de que no les guarda rencor, pero advirtió que de llegar a la Presidencia ningún grupo, por importante y poderoso que sea, podrá seguir conspirando contra la paz social en beneficio propio.»

Allí estaba la oferta monda y lironda —«Limpio, sin añadidura alguna.» según consigna el DRAE—. Y es que el neoliberalismo va de la mano de la corrupción, pero no tanta, porque hasta abusar impide que funcione con cierto grado de legitimidad.

Nuestra casta política y económica nunca quiso entender que estaba atentando contra sí misma al dejar al descubierto los mecanismos perversos que le daban ventajas y riquezas indebidas. Traducido, hay que ser tramposo, pero sin que se note mucho y dejando espacio para algunos otros que le quieran entrar. Pero aquí no, se fueron por todo y contra todos y allí están las consecuencias.

No entienden que el actual presidente es más conservador de lo que aparenta, que si ha radicalizado su discurso es porque lo obligaron a hacerlo, porque se mofaron de su oferta de paz, porque siguen creyendo que pueden hacer lo que se les da la gana sin límite alguno.

No entienden que el actual modelo político y económico, del que tanto se beneficiaron, necesita una urgente remodelación para seguir funcionando el tiempo que le queda, y que esos cambios están en las propuestas del régimen actual.

No entienden que la desigualdad, la corrupción, la delincuencia organizada deben tener un tope antes de que todo se desborde y atente contra ellos. Ahora se les revierte de forma ordenada, legal e institucional.

Por eso no extraña que en plena visita presidencial a Washington el ambiente haya sido tan terso y amable, hasta alguien tan necio como Trump entiende que las diferencias ideológicas con su par mexicano no son tan profundas como algunos se empeñan en proclamar. Falta ver si después aguantó la tentación y no salió con una de sus “trumpadas”, pero dejó pasar la principal oportunidad y eso manda un mensaje. Además, el mismo día de la visita a la capital estadunidense se informó que se detuvo, con fines de extradición al exgobernador de Chihuahua César Duarte, eso también significa algo, pero aquí, las primeras reacciones de los “analistas” prefieren eludir el tema y mandan el distractor del pragmatismo pre-electoral de nuestro vecino.

Tampoco entienden que no pueden seguir menospreciando a los votantes y simpatizantes de López Obrador, ese bullying racista está provocando que esa caracterización política de liberales contra conservadores tenga sentido.

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