CON PERMISO

¿Cuál es el fundamento legal para que instancias gubernamentales e instituciones públicas “den permiso” generalizado para ausentarse del trabajo y de los estudios a trabajadoras y estudiantes?

Creo que no hay ninguno. Se pueden inventar el que sea, pero, en realidad, el único que se puede invocar es el que da el patriarcado machista, ese que concentra, antidemocráticamente, de manera discrecional y completamente caprichosa, el poder en una sola persona que decide sin ver la necesidad de consultar con nadie más, nada más por sus…

Me pregunto si la convocatoria del 9 de marzo es de los movimientos feministas que, hartos de la desigualdad entre géneros que se ha visibilizado en casos de violencia extrema, del trato displicente de las autoridades judiciales, de la impunidad generalizada, de esa “pedagogía” que parece asegurarse que las mujeres no se sientan seguras ni siquiera en los espacios privados, íntimos, familiares donde, paradójicamente, debieran estar más seguras por los vínculos afectivos que implican, que llaman a desmovilizarse un día después del 8 de marzo —que caerá en domingo, día inhábil para escuelas y para algunas instituciones o empresas públicas o privadas—. O si es de las antifeminicidios, así, sin mayor definición aparente, porque en esa categoría cabría cualquiera que se indigne, sin importar el género o la ideología y entonces la convocatoria estaría mal dirigida porque implicaría que solo las mujeres tienen esa capacidad de indignación ante el dolor ajeno, de otra forma no se explicaría la exclusión del resto de los géneros, no solo de hombres, también de homosexuales y lesbianas, de trans, queer e inter o de cualquiera como se sienta o autodenomine que quisiera sumarse a eso o algo más.

Me hubiera gustado que la rectora de nuestra universidad pública y el director del COBAQ, en lugar de ejercer el poder patriarcal y dictar el “permiso”, la primera convocara al consejo universitario a discutir el tema y tomar la decisión, a ambos a desmontar mitos autoritarios, esos que les dan la autoridad para suspender actividades parcial o totalmente de manera unilateral, a proponer prácticas inclusivas y contra el acoso y la discriminación; convocar a una jornada de reflexión sobre el feminismo, sus demandas, sus luchas históricas y las que siguen, un festival musical y literario alrededor de sus propuestas, pero más parece que a la primera le ganó el miedo, la precaución, el “por si acaso”. Imagínense que lo hiciera y la respuesta fuera la destrucción de instalaciones escolares y universitarias en nombre de una justificada indignación que no distingue el medio de los fines. Al segundo ni pedirle lo que no puede dar, solo es una pieza más de ese orden patriarcal que lo puso y lo mantiene allí.

Lástima, se pierde una oportunidad para dar un salto cualitativo porque la solución trasciende, en tiempo, lo generacional, y requiere, otra vez, que la escuela reoriente lo que, en la sociedad en su conjunto, en las familias, en la dinámica afectiva, está mal. Los esfuerzos quedarán en la planta docente que comparta la idea de que la realidad debe irrumpir en el salón de clases, en lugar de amurallarse y aislarse en los programas de estudio que por masivos y anticipados pierden el pulso de lo actual.

Y no es que se invoquen soluciones patriarcales para remediar lo mismo que provocan; es plantear la posibilidad de deconstruirse, ser parte de esa transformación que urge.

Además, ojalá existiera la certidumbre de que se puede convocar a algo pacífico, sin permiso, sin que se revierta miserablemente.

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