DESPACIO QUE LLEVAMOS PRISA

«¿Cómo contar, cómo poner en cifras (o cifrar) el robo de aquellos que nos saquearon, quitándonos la salud, el trabajo, la voz? Contabilizar a lo que tenemos derecho. Contar las palabras / para sobrevivir / para cobrar / para medir / para aparentar / para acallar. Contarnos en palabras / para vivir / para recobrar / para desmedir / para emparentar / para encallar» Christina Soto Van der Plas. Curaçao: Costa de cemento, pueblo de prisión. Programa cultural Tierra Adentro. Secretaría de Cultura. 2019.

La situación sigue siendo desesperante y hay que seguirlo diciendo, lo que no se vale es que las “voces autorizadas” que tantos años, que tantas vergüenzas, que tantas bajezas callaron ahora se asuman como voceros de la indignación, queriendo borrar sus olvidos, sus silencios comprados o vendidos; queriendo cambiar las voces de las víctimas por un simple pantallazo de nota roja.

Del deshabitado —como él mismo se nombra— poeta Javier Sicilia y de su movimiento ya hablamos aquí, lo citamos y expusimos sus razones. Pero, y también lo reconoce a medias, su protagonismo lo ha llevado al rompimiento con otras organizaciones y otros movimientos también legítimos, también dolidos, con sus propias opiniones y formas de lucha. Se critica el “abrazos, no balazos” cuando se la pasó besando a cuanto político de rasantes vuelos se encontró, arguyendo que era un símbolo del perdón, pero no del olvido.

Se comprende que haya prisa por detener la espiral de violencia que ahoga varias regiones del país, que se tema la expansión de la inseguridad y el crimen. Que haya prisa por reparar el desgarrado tejido social que está infestado de interesados en que se siga rompiendo, y no se puede caer en su juego perverso.

«Yo creo que para eso es el pensamiento y para eso es la escritura. A lo que se enfrenta la escritura es a la impostura.» Christina Soto Van der Plas.

Allí está la impostura —Imputación falsa y maliciosa.  Fingimiento o engaño con apariencia de verdad. DRAE— contra Sergio Aguayo y contra quien osara enfrentar al poder, allí están los periodistas asesinados, los amenazados y que viven desterrados, los que perdieron sus trabajos por no seguir una “línea editorial” apegada a los silencios y las manipulaciones, los que utilizan la escritura para exponer a los falsarios. Para eso es el pensamiento que se expresa de forma permanente, porque lo escrito permanece, se puede volver a leer, a interpretar, a contextualizar, aprender de él.

El creador de la “Poesía Postpoética” Agustín Fernández Mallo, pone en boca de uno de sus personajes «[…] a mi juicio la característica más importante de Internet es que es un ente que no tiene cuerpo, es, por así decirlo, un gigantesco cerebro que vaga por el planeta sin hallar la grasa, los músculos y los huesos que lo aten a la tierra, y que en ese vagar proyecta toda clase de sombras, las cuales, paradójicamente, no provienen de cuerpo alguno y de allí la confusión de todo lo que tiene que ver con la Red: es un organismo primitivo aún a medio hacer, se halla en una fase similar a la de los microorganismos que un día salieron del agua para millones de años más tarde dar lugar a los anfibios y más tarde a los humanos que hoy somos.»

Hay quienes se aprovechan de esas sombras para ocultar sus intenciones, sus intereses, es como la máscara que cubre el rostro y que da el poder del anonimato y entonces no hay freno para la ira, la violencia, la discriminación. Es como si esos antivalores vagaran por cualquier espacio social buscando en quien ensañarse.

Vivimos en una sociedad enfrentada, polarizada, desigual como pocas; pero eso no es un invento ni una estrategia maquiavélica, es un hecho que cada vez más asoma de las penumbras en que lo quieren mantener y, mientras los afectados no dejen de serlo, mientras los ganones de esa desigualdad no reconozcan que se pasaron y ponen en riesgo a todos —incluyéndolos— los choques entre unos y otros continuarán. Eso enseña la Historia.

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