RECESIÓN

Desde el último semestre del año pasado el crecimiento del país medido en el Producto Interno Bruto (PIB) está detenido y eso convirtió en expertos en economía a aquellos que simplemente ignoraban ese tipo de datos.

Pero eso es algo que se esperaba desde hace más de un siglo, los teóricos ortodoxos del capitalismo sabían que el planeta no podía soportar un crecimiento sostenido de manera indefinida. En 1909 John Stuart Mill advertía que sería necesario detener el desarrollo dado que el planeta tiene reservas limitadas de todo:

«el estado estacionario no implica “una situación estacionaria del adelanto humano”, sino aquella en la que se dedica más tiempo al “perfeccionamiento del Arte de Vivir”, lo que ocurrirá “cuando los espíritus dejen de estar absorbidos por la preocupación constante del arte de prosperar”. Mill rechazó “un mundo en el que no queda nada de la actividad espontánea de la naturaleza” y aseveró que [...] “si la tierra ha de perder todo lo que tiene de agradable gracias a cosas que serían extirpadas de su superficie por el crecimiento ilimitado de la riqueza y de la población más numerosa, pero no más feliz, confío sinceramente en que, para el bien de la posteridad, la humanidad se contentará con el estado estacionario mucho antes de que la necesidad le obligue a ello (cap. 6).”

Otro economista clásico, Maynard Keynes, avanzaría años después sobre la misma idea: «En el estado estacionario la gente podría dedicar sus “energías morales y materiales” para su autorrealización, en vez de dedicarse a la acumulación de dinero, lo que Keynes (1931) consideró como “una enfermedad ligeramente desagradable”. La autorrealización personal es descrita en este maravilloso ensayo como “el arte de la vida” (“vivir sabia y agradablemente y bien”), anticipando así buena parte de las preocupaciones actuales de los enfoques del bienestar y la felicidad.»

Pero el crecimiento irresponsable, esas ansias de medir todo con indicadores promedio que ocultaban una desmedida e injusta concentración de la riqueza con su consecuencia obvia, el incremento de la pobreza llamada de diferentes formas, llevó a los discípulos de los anteriores economistas a reconocer lo que muchos siguen sin querer ver.

«... a Karl Polanyi (1989) se le atribuye la denuncia pionera de la amenaza que para la naturaleza representaría en el futuro la extensión mundial de la economía de mercado: “el entorno natural y los paisajes serían saqueados, los ríos contaminados, la seguridad militar comprometida, el poder de producir alimentos y materias primas destruido”.»

Como se advierte, la idea de que el capitalismo no es sostenible viene de sus propios teóricos y promotores, no es una alucinación izquierdista ni de agoreros del desastre. El problema es que la ambición excesiva de unos cuantos nos ha llevado a la situación de crisis crónica que ya vivimos desde hace décadas. A las advertencias de que había que parar esa manera de percibir y explotar el planeta le siguió el derroche desmedido y la devastación intensiva.

«Fritz E. Schumacher fue un economista protegido de Keynes, y muy influido luego por las ideas de Ghandi (autosuficiencia y progreso de todos) durante sus viajes como consultor de la ONU a la India. Frente a la economía convencional, Schumacher (1966) propuso una economía budista en la cual “el objetivo debería ser obtener el máximo de bienestar con el mínimo consumo”, donde la propiedad y el consumo son medios, no el fin, y la producción debe realizarse a partir de recursos locales (con la clave distinción entre renovables y no renovables) para necesidades locales, y con las tecnologías apropiadas.»

Se sigue hablando del mismo sistema capitalista como si fuera posible ponerle freno, sin proponer ningún cambio de raíz o cuestionar que tal idea sea posible a pesar de las evidencias en contra.

«Según Mishan (1967), “la precondición del crecimiento sostenido es el descontento sostenido”, un aviso a los países en desarrollo de que “la espinosa vía a la industrialización lleva, después de todo, a la devastada tierra de la subutopía” –la congestión del tráfico, el ruido, la polución del aire, la tierra y el agua y el aumento del estrés laboral por la dependencia de la tecnología–. Para Mishan, “la búsqueda del crecimiento económico en las sociedades occidentales es más probable que, en balance, reduzca, más que aumente, el bienestar social”.»

Como gato boca arriba, el capitalismo cree que repartiendo las responsabilidades y proponiendo medidas que solo posponen la crisis más que anunciada y que comenzamos a experimentar, se va a salvar o mínimo a amortiguar su desastrosa caída. En los países empobrecidos por sus políticas, a fines del siglo pasado implementa estrategias para detener el crecimiento poblacional y después hace responsables a los pobres del deterioro ambiental y de su pobreza. En su momento y hasta la fecha, se sigue denunciando, hipócritamente, el límite de hijos permitidos en países como China, a pesar de que la autoría intelectual está en el sistema económico contrario.

«Herman E. Daly, discípulo de Georgescu-Roegen (1992), volvería sobre el tema del estado estacionario proponiendo varias medidas para estabilizar a la población: mediante un sistema de permisos de nacimiento –debido a Boulding en 1964–, regular la producción –manteniéndola por debajo de los límites ecológicos– y limitar el grado de desigualdad en la distribución de los stocks constantes per cápita –fijando mínimos y máximos de ingreso y un tope a la riqueza–.»

“Evolución o involución del desarrollo sostenible: de cómo el desarrollo sostenible se convirtió en corriente principal”. Rafael Domínguez Martín. En: La implementación de la agenda 21 en México: aportes críticos a la sustentabilidad local Simone Lucatello y Lorena Vera (coordinadores)

https://www.academia.edu/25263505/_Evoluci%C3%B3n_o_involuci%C3%B3n_del_desarrollo_sostenible_de_c%C3%B3mo_el_desarrollo_sostenible_se_convirti%C3%B3_en_corriente_principal_en_S._Lucatello_y_L._Vera_coords._La_implementaci%C3%B3n_de_la_Agenda_21_en_M%C3%A9xico_aportes_cr%C3%ADticos_a_la_sustentabilidad_local._Instituto_Mora_M%C3%A9xico_DF_2016_p%C3%A1gs._21-44

En la periferia crecieron propuestas como el decrecimiento o el desarrollo sostenible que fueron integradas y pervertidas hasta convertirlas en la sombra de lo que pudieron ser. En la actualidad el modelo extractivista, la explotación intensiva e irresponsable de los recursos del planeta continúa con su cauda de violencia y corrupción para seguirse imponiendo.

En resumen, la recesión económica ya estaba en el horizonte de un capitalismo desarrollista desde sus inicios y no es un invento provocado por una izquierda económica que apenas alcanza a implementar algo antes de que la sofoquen violentamente —el Bien Vivir en Ecuador y Bolivia—, utilizar el estancamiento en indicadores como el PIB como bandera política para reforzar al sistema que lo causa es otra perversidad que basa su triunfo en la desmemoria y la ignorancia.

Visto 78 veces
Más en esta categoría: « LAS OLAS