EL HORROR Y EL ERROR

Una historia de horror y de dolor. Las fechas conmemorativas quedan rebasadas porque hay un continuo de agresiones desde hace décadas, que se nos comenzaron a hacer normales porque nos enseñaron que la violencia es consustancial al simple paso de los días y los años, como si los tiempos de paz, de tranquilidad, de espacios de vida digna, de simple felicidad, fueran excepciones cada vez más espaciadas, más cortas, como si no lo mereciéramos.

Entre más sabemos más nos asombramos de nuestra incapacidad de indignarnos, de nuestra desmemoria, de la falta de solidaridad, del inmenso miedo que nos paraliza y nos impide actuar. Lo peor es que racionalizamos nuestra falta de arrojo, nuestro silencio culpable; no faltan los pretextos para no involucrarse.

No encuentro la referencia exacta, seguramente el texto existe porque lo recuerdo, era de Heberto Castillo —si la memoria no traiciona— y hablaba sobre la tolerancia y los intolerantes. De esos que se escudaban en las supuestas libertades para renegar de ellas y atacarlas, para convertir en víctimas a quienes defendían la tolerancia en abstracto y no atinaban a poner límites a quienes abusaban de su poder. Una vieja paradoja que cada tanto se recicla. Los mismos que antes sin pudor, sin vergüenza, sin misericordia o ética alguna masacraron a los más débiles e indefensos, ahora se dicen reprimidos porque no pueden hacer lo que antes hacían.

Así, como sin querer, se van develando sus abusos cotidianos. “Hasta los dientes”, es el título de un documental que se puede ver en Prime video y que da cuenta del calvario de los familiares, amigos, compañeros y de cientos de ciudadanos regiomontanos por exigir una justicia que sigue sin cristalizar. Que presenta el horror de esa maquinaria burocrática al servicio de la brutalidad y la ignorancia que asesina a dos estudiantes del Tec de Monterrey —dentro de sus instalaciones— y los hace parecer como sicarios del crimen organizado que mueren en un enfrentamiento, cuando fue una ejecución extrajudicial. Esto en el marco de una irresponsable y cruenta “guerra contra el narcotráfico” declarada y dirigida por Felipe Calderón y sus cómplices. El mismo expresidente que quiso presentarse, en días pasados a dar una conferencia en ese mismo campus y que fuera repudiado por la comunidad estudiantil. Suceso que no tardó en ser presentado como una forma de intolerancia y de ataque a la libertad de expresión, como si las comunidades de cualquier tipo no tuvieran derecho a defenderse y elegir a quién quieren escuchar y a quién no, a quién toleran que pise un lugar que debiera ser pluralmente académico y rechazar versiones ideológicas violentas y, esperamos, obsoletas. Rechazar el autoritarismo y sus símbolos se quiere presentar como intolerancia cuando es un sentido y digno rechazo a los agresores de siempre.

El poeta Javier Sicilia recuerda, dolorosamente, en un libro editado en el 2016 —El deshabitado. Grijalbo-Proceso—, hablando de sí mismo en tercera persona:

«México, pese a la reserva moral que gente como ellos había mantenido viva, a pesar de la lucha zapatista que diecisiete años atrás dio una salida al país, pero que, incomprendida, fue cercada y marginada, estaba devastado, extraviado en el infierno. Setenta años de una dictadura de partido que trató al país como su patrimonio, enquistándolo de mafiosos y criminales, veinte de una economía liberal y de una transición democrática fallida, y cinco de una guerra contra el narcotráfico desatada por el presidente Felipe Calderón y auspiciada por los Estados Unidos, lo sembraron de miseria, de cadáveres desmembrados y exhibidos como basura, de secuestrados, de desaparecidos y de miedo. Un lento pudrimiento del esqueleto moral y político del país lo había derruido.»

Las metáforas del poeta son precisas, estamos “sembrados” de horrores y errores, de miseria y violencia y esa “siembra” sigue dando sus macabros frutos y lo seguirá haciendo por mucho tiempo hasta que no se arranque de raíz, hasta que no siga germinando. Pero eso lleva tiempo. Sembrar una cultura de paz, de no violencia, de honestidad y ética requiere de voluntad y no dejarse corromper, sus frutos no serán instantáneos, pero tendrán que irse dando antes de que los violentos tengan más posibilidades de regresar y destruir lo ya logrado.

La decepción y traición foxista fue narrada como fábula por la escritora Sabina Berman, en esa reunión de intelectuales que le piden al lenguaraz guanajuatense honrar los millones de votos que lo llevan a la presidencia de la República y que exigen un rompimiento con el régimen priista. Su cobardía no tiene nombre, prefiere entregarse y acordar con un derrotado partido oficial que honrar su palabra.

https://www.eluniversal.com.mx/opinion/sabina-berman/fox-cae-en-un-hoyo-otra-vez

Sicilia tampoco es optimista, conoce el sistema y a través de la imaginación de un amigo describe:

«Por la mente de Georges pasó la presencia de ese ser con rostro de hombre honesto y cuerpo de serpiente, multicolor y alado, cuya cola termina en una punta venenosa y que custodia el octavo círculo del infierno de Dante, el de los fraudulentos que siembran las discordias y las guerras civiles.»

Refiriéndose a Peña Nieto y la entonces pendiente aprobación de la Ley de Víctimas:

«Es un nuevo Gerión. Cada presidente de México es Gerión. Pero lo hará, no tiene otra opción para ganar la legitimidad frente al desastre del país. Peña Nieto es un hombre intelectualmente pobre y también violento. Recuerda la espantosa represión de Atenco cuando era gobernador del Estado de México. Pero a diferencia de Calderón —un hombre visceral y contradictorio— es frío, ajeno al sentimiento y tiene asesores políticos maquiavélicos a los que escucha. Nos dará la Ley y cambiará el discurso belicista. Lo verás. Pero en el fondo todo permanecerá igual o empeorará. Son las perversiones de la política: que todo cambie para que todo siga igual. Esa Ley de Víctimas que acusa al Estado, es el rostro benévolo de una atrocidad: el incumplimiento de las leyes que estaban hechas para protegernos e impartir justicia. La promulgará, luego la manipulará mientras la violencia continúa apilando muertos y desaparecidos.»

Hay que recordar ese pasado de horror para evitar el error de justificarlo, de tolerar a sus emisarios que quieren recuperar ese poder que utilizaron para masacrar a una población que no atinaba a defenderse ante el terror provocado. Que nunca retornemos a racionalizar la maldad para darle otra oportunidad invocando libertades que quieren destruir.

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