APRENDER A PENSAR

Fue una mezcla de reacciones justificadas por una visión de la historia anclada en siglos pasados, la indignación corrió por los alfombrados pasillos de la Cámara de Diputados, por las oficinas de las cúpulas partidarias que creen que el pragmatismo neoliberal —y la corrupción— los liberó de tener una ideología, por los despachos de los órganos empresariales que siguen pensando que los trabajadores que piensan y se defienden deben ser contra natura, por las sacristías y confesionarios de obispos que creen que todo es un servicio que se puede y debe cobrar sin que existan derechos que garanticen nada que no pase por su santa voluntad.

¿A quién se le ocurre que los trabajadores de la educación, los profesores, puedan opinar, proponer y ser parte de la decisión en asuntos que tienen que ver con su labor cotidiana? Eso es para expertos amaestrados en las artes de la eficiencia, la disciplina y la docilidad ajenas. Por esos vericuetos caminó la aprobación de las llamadas leyes secundarias que aterrizan a la nueva reforma educativa, esa que pretende desarmar los mecanismos punitivos y de desprestigio que nos aplicaron en contra a los millones de docentes en los nefastos y corruptos sexenios anteriores. Falta ver cómo nos va en este.

Lo obvio pero que no se quiere entender: sin la participación y convicción de los profesores, esos que realizan el trabajo cotidiano en las aulas frente a los niños y jóvenes convertidos en estudiantes, ninguna reforma tendrá éxito. Esperar que renunciemos a reflexionar críticamente, a organizarnos, a tener parte de la decisión en lo que nos compete en nuestro trabajo es una estupidez. Así lo entendemos a pesar de que otros se escandalicen y no lo quieran entender.

Hay un viraje importante, se trata de formar ciudadanos completos, integrales e íntegros, que sepan diferenciar entre datos e informaciones ancladas en una realidad cambiante pero que otorga cierto margen de certidumbre en la toma de decisiones; no en los chismes malintencionados, en manipulaciones interesadas, en la defensa de privilegios normalizados pero nada éticos; se trata de regresar a la justa y digna medianía en cuanto a la forma de vida. Además, el planeta ya no aguanta los excesos de los poderosos, esos que no dudan en devastar lo poco que queda para disque vivir a todo lujo, que no bien, por unos cuantos años si bien les va. Ya no es el simple aprender a aprender; es aprender a pensar.

Se trata de lograr el bienestar social, una forma digna y disfrutable de vivir, no la mera sobrevivencia de la pobreza que se vuelve generacional y origen de odios y violencia; por esos rumbos tiene que transitar la nueva reforma educativa.

El 17 de septiembre de 1913 dio su discurso en el Senado, eran tiempos convulsos y violentos, estaban recientes los asesinatos de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez (presidente y vicepresidente respectivamente) apenas siete meses antes, pero su valentía y honradez fueron despreciadas por sus compañeros legisladores. A costa de su vida denunció:

«Todos vosotros habéis leído con profundo interés el informe presentado por don Victoriano Huerta ante el Congreso de la Unión el 16 del presente.

Indudablemente, señores senadores, que lo mismo que a mí, os ha llenado de indignación el cúmulo de falsedades que encierra ese documento. ¿A quién se pretende engañar, señores? ¿Al Congreso de la Unión? No, señores, todos sus miembros son hombres ilustrados que se ocupan en política, que están al corriente de los sucesos del país y que no pueden ser engañados sobre el particular. Se pretende engañar a la nación mexicana, a esa patria que confiando en vuestra honradez y vuestro valor, ha puesto en vuestras manos sus más caros intereses.

¿Qué debe hacer en este caso la representación nacional?

Corresponder a la confianza con que la patria la ha honrado, decirle la verdad y no dejarla caer en el abismo que se abre a sus pies.»

https://www.animalpolitico.com/2011/10/discurso-original-de-belisario-dominguez-contra-victoriano-huerta/

«El 23 de septiembre siguiente, Belisario Domínguez subió a la tribuna del Senado para llamar asesino y desequilibrado mental a Huerta; y al igual que el discurso del día 16, este fue impreso y distribuido entre la población. 

Irreductible, el 29 de septiembre exhortó a los legisladores, en un discurso aún más radical que los anteriores, a cumplir con su deber de implantar el orden y para ello solicitaba ser comisionado para pedir la renuncia de Huerta mediante un escrito firmado por todos los senadores. Sabía que esa pretensión lo ponía en peligro de muerte, pero pensaba que era la única manera de volver a la legalidad. 

Le costó la vida. La noche del 7 de octubre (algunas fuentes señalan que en la madrugada del 8), dos hombres lo sacaron del hotel donde se hospedaba. Ya no se supo de su paradero hasta unos días después, cuando su cadáver fue encontrado en una fosa, a la orilla del cementerio de Coyoacán. Este artero crimen provocó un gran clamor público. Por su parte, Huerta, en el afán de acabar con la oposición en el Congreso, disolvió la Cámara de Diputados pocos días después y encarceló a más de cien de legisladores.»

https://relatosehistorias.mx/nuestras-historias/el-7-de-octubre-de-1913-fue-asesinado-el-senador-belisario-dominguez

Intentando rescatar y tomar el ejemplo de su antecesor, el Senado honra a algún mexicano, de los muchos que podrían ser nominados, para recibir la medalla que lleva el nombre del senador chiapaneco. Ojalá que en este contexto político que se pretende diferente, sus cualidades fructifiquen en los mexicanos del siglo XXI.

Visto 106 veces