NORMALIZAR LA VIOLENCIA II

“Vamos a cerrar la puerta porque acaba de haber una balacera aquí cerca y luego a los delincuentes se les ocurre esconderse en los locales que encuentran abiertos”, así dijo la encargada del restaurante mientras procedía, con los meseros, a cerrar la vieja y gruesa puerta de madera que da a la calle. Mientras lo hacían pudimos observar que en el restaurante especializado en pizzas de enfrente sucedía lo mismo. Los comensales apenas atinamos a mirarnos los unos a los otros. La advertencia de cierre fue hecha sin revelar pánico o nerviosismo, como si ya fuera procedimiento usual, sin sorpresa.

La encargada y los meseros daban seguimiento a los sucesos a través de grupos de whatsapp en sus celulares o por los portales independientes de noticias, otros a través de enlaces radiofónicos. Parecía un guión ensayado.

Lo primero que se supo fue el enfrentamiento entre policías municipales y los tripulantes de una camioneta en la avenida Independencia, dos de los policías fueron asesinados. Grabaciones de ciudadanos con los sonidos de los disparos de fondo, incluso ráfagas de metralleta y especulación sobre la ubicación, se hablaba de la Plaza de los Insurgentes, cercana a la sede del Guanajuato International Film Festival (giff) del Centro Cultural Nigromante, versión reforzada por el paso de patrullas por las estrechas y congestionadas calles de San Miguel de Allende con la sirena abierta.

Estábamos apenas a decenas de metros de La Parroquia, que es como conocen los lugareños a su imponente iglesia de fachada pretendidamente gótica en cantera rosa, apenas a un ladito el escenario público y al aire libre del giff, lugar de proyección de algunas de las películas nominadas a diferentes categorías, escenario de conciertos y de la llamada “alfombra roja” por donde desfilaron artistas, productores, directores y demás celebridades frente a la prensa nacional e internacional.

También a corta distancia, el recién remozado Teatro Angela Peralta fue sede de las conferencias magistrales de directores y de la proyección, casi continua, desde la mañana hasta la noche, de algunas de las cintas y documentales participantes, cuya reseña podía leerse en los principales medios impresos y electrónicos.

Por lo mismo, parecía increíble que, en esa pequeña ciudad, repleta de galerías, tianguis especializados en diseño independiente de joyería, de vestimenta, de pintura y escultura, con música en vivo en sus bares y cafeterías, con turismo nacional y extranjero aprovechando las vacaciones de verano, a “alguien” se le ocurriera “calentar la plaza” con el asesinato, sin sentido estratégico aparente, de dos policías municipales.

Si fue un mensaje para alguien, solo ese alguien se pudo dar por aludido. Mientras, dejó a la población y sus visitantes sumidos en el caos informativo y en medio de operativos policiacos sin un orden aparente, pero, a su modo, muy espectaculares.

Saliendo del centro de la ciudad hacia la carretera a Dolores Hidalgo estaba la zona de la persecución, lugares popularmente conocidos como El Mexiquito, Loreto o la colonia San Luis Rey que conviven geográficamente con fraccionamientos residenciales para personas con muy alto poder adquisitivo, muchos de ellos extranjeros, cercanos también a la antigua fábrica de textiles La Aurora, convertida ahora en sede de innumerables galerías y talleres artísticos de todo tipo, desde telares, fotografía, pintura, escultura, cerámica y demás.

Para presumir de efectividad, la policía pronto reportó dos personas detenidas e hizo circular las fotografías por las redes sociales, pero los desmentidos no tardaron en llegar, por lo menos uno de ellos, un estudiante de bachillerato, simplemente andaba de curioso cuando “se lo cargaron”, su hermana se encargó de compartir por Facebook y el asunto se viralizó con rapidez. Afortunadamente lo dejaron libre al día siguiente y el otro al parecer sigue detenido. Con todo y que las cámaras del C4 —que estaban sospechosamente “inhabilitadas” al momento del asesinato de dos jóvenes mujeres en un puesto de tacos hace algunos días y que provocara manifestaciones de repudio— pudieron dar seguimiento a una camioneta negra donde viajaban los presuntos homicidas. Todo ocupante de un vehículo de ese color que se encontraba en los rondines policiacos fue acusado de conducir un auto robado, así lo publicó una joven que estaba realizando su examen de ingreso a una universidad y cuyos padres la esperaban estacionados fuera de la misma; hasta foto publicó denunciando el “incidente”.

Los vacíos informativos y las reacciones exageradas de algunas autoridades fueron llenadas por las redes sociales, a veces con tino como en los casos relatados anteriormente, en otras incrementando la incertidumbre y queriendo provocar pánico “recomendando” que no se saliera a las calles.

A veces hay que llegar a particularizar para que las muertes, el ambiente de violencia no sea una simple nota perdida en los medios de comunicación y se convierta en una estadística. Cualquiera que ande armado por las calles y se sienta impune puede provocar una tragedia, causar pánico, manchar la reputación de un lugar y a sus habitantes, afectar negativamente la economía.

Mientras eso sucedía nos enteramos de que Querétaro no será, como sí ha sido en años anteriores, sede del Photo Fest, que ahora estará en noviembre en San Miguel de Allende.

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