ÉCHALE GANAS

Lo escuchamos por todos lados, es la base principal de los libros de autoayuda y sus millonarias ventas, es el insuficiente llamado de miles de docentes cuando los indicadores académicos se desploman, es la motivación principal —y a veces única— que reciben los niños y jóvenes para responsabilizarlos individualmente de su progreso, o de su fracaso.

Hemos caído en la ilusión de creer que tener ganas y un hipotético “plan de vida” es suficiente para salir de la pobreza o de la mediocridad escolar o laboral. Pero hay datos duros que desmienten eso.

«Esforzarse y no progresar; tener talento y no poder explotarlo; estar determinado por el origen y no por el mérito. El que una persona no alcance a cumplir con su potencial por razones externas no es nada menos que una tragedia. La falta de movilidad social no solo es una calamidad individual: la sociedad en su conjunto también sufre al desaprovechar valiosos recursos humanos. ¿Cuántos mexicanos no están alcanzando su potencial? ¿Cuánto talento se está desperdiciando?» https://ceey.org.mx/wp-content/uploads/2019/05/Informe-Movilidad-Social-en-M%C3%A9xico-2019..pdf

Así comienza el Informe de Movilidad Social en México 2019: hacia la igualdad regional de oportunidades del Centro de Estudios Espinosa Yglesias dado a conocer en mayo. Creo que a nadie se le ocurriría calificar a dicho centro de izquierdista o lopezobradorista, sus datos duros son interesantes, aunque algunas interpretaciones pudieran cuestionarse. Pero mejor veamos algo de lo que dicen sus 83 cuartillas. 

«... un dato que prácticamente no ha cambiado desde que levantamos la Encuesta esru de movilidad social en México (esru-emovi) por primera vez, hace más de diez años: al menos 7 de cada 10 mexicanos que nacen en el peldaño más bajo de la escalera socioeconómica del país, no logran superar la condición de pobreza durante su vida. En otras palabras, la ausencia de un piso parejo de arranque y avance en la vida para todos los mexicanos hace que, en nuestro país, la pobreza se herede.»

Una primera y obligada reflexión: se reconoce que la desigualdad de oportunidades es un factor externo que determina el éxito de cualquier mexicano para pasar de un nivel social a otro, que eso de “echarle ganas” tiene límites y que estos, en la mayoría de los casos —más del 70%— son determinantes. Así que los discursos motivacionales, las “resiliencias” que se han puesto de moda, los discursos de “coaching” no son otra cosa que la banalización, o peor, la negación de que existen esos factores externos que hay que cambiar, que se requiere de una reingeniería institucional mayor que ponga en el centro la igualdad de oportunidades y que deje de victimizar al individuo que, pese a echarle muchas ganas, se topa con abismos sociales que no puede franquear.

«En un contexto como el mexicano, en donde la pobreza y la desigualdad son altas y persistentes, la escasa movilidad social abona a que la sociedad no solo se polarice, sino que sea una altamente estratificada. Sin movilidad social, no importa cuan grandes sean los esfuerzos de quienes nacen en situaciones de mayor desventaja, sus posibilidades de mejora serán limitadas.»

Las conclusiones generales ya fueron ventiladas en los medios de comunicación: la movilidad social es menor en el sur que en el norte del país, las mujeres tienen menor movilidad social que los hombres, el color de la piel también influye en este país que es profundamente discriminador sin reconocerse como tal: «con respecto a la riqueza, el color de piel es determinante: los mexicanos de tono más oscuro experimentan menor movilidad ascendente y mayor movilidad descendente respecto de quienes tienen un tono de piel más claro.»

Hablamos de la educación pública, gratuita y obligatoria y su potencial capacidad para igualar esas oportunidades de movilidad social, pero eso tiene que ser intencional y no algo fortuito, de rebote, como por casualidad. Además, no se puede dar aislada de un contexto muy específico porque pierde puntería y termina por responsabilizar a los docentes, a los estudiantes, a los padres de familia. Recordemos que aquí la pobreza se hereda.

«La situación vigente de movilidad social en México puede contextualizarse en el ámbito internacional a partir del estudio ¿Progreso equitativo? Movilidad económica entre generaciones en todo el mundo (Banco Mundial 2018). En cuanto a la educación, aunque en México se observan avances importantes en el nivel alcanzado, el logro educativo de los hijos aún está determinado por el de los padres. En ese sentido, México se situó en la posición 106 de 144 países considerados en el análisis.»

El espacio se termina, dos últimas consideraciones: «En el presente informe, el análisis se concentra en la movilidad social relativa de una generación a otra. Así, si las personas mejoran o empeoran su posición socioeconómica con respecto a la de su hogar de origen, entonces se dice que «se mueven». Mientras menos injerencia tengan los recursos sociales y económicos de los padres en los logros de los hijos, mayor será la movilidad social.»

«México se encuentra en una coyuntura histórica crucial para su viabilidad futura. El reto que enfrentamos es el de establecer las bases para un nuevo contrato social que reconozca a la igualdad de oportunidades como un mecanismo clave para incrementar, de manera simultánea, el potencial de crecimiento económico y mejorar la distribución de sus ganancias; no más, pero tampoco menos.»

Sí, hay que echarle ganas, pero también hay que cambiar la realidad de un país profundamente desigual y discriminador.

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