TERNURITAS

Derecha e izquierda políticas se conocen así desde la Revolución Francesa por una cuestión casi accidental, según relatan algunos investigadores: «Los amigos políticos tendían a sentarse juntos en los Estados Generales: a la izquierda estaban los opositores del antiguo régimen, y a la derecha sus defensores; esas fueron las primeras izquierdas y derechas identificadas con esas palabras. En Europa el uso de estos términos se volvió más común después de la restauración de la monarquía francesa, en 1815.» Luis Eduardo González Ferrer y Rosario Queirolo Velasco. IZQUIERDA Y DERECHA: Formas de definirlas, el caso latinoamericano y sus implicaciones. América Latina Hoy, 65, 2013, pp. 79-105. Ediciones Universidad de Salamanca.

Uno de los grandes teóricos de la democracia, el italiano Giovanni Sartori, tomaba posición: «En este debate mi tesis ha sido que la “izquierda” es (era, o debería ser) la política que apela a la ética y que rechaza la injusticia. En sus intenciones de fondo y en su autenticidad, la izquierda es altruismo, es hacer el bien a los demás, mientras que la derecha es egoísmo, es atender al bien de uno mismo. Pero además, para complicar las cosas, intervienen las “consecuencias imprevistas” de nuestras acciones. [...] De entrada, la izquierda tiene unas credenciales ganadoras: es virtuosa y persigue el bien. Y también, de entrada, la derecha se defiende mal: no se ocupa de las virtudes y atiende solo sus asuntos. Pero también a esos efectos se da una contradicción. Puesto que la “derecha” no apela a ninguna moralidad, no está expuesta a la quiebra moral, Por el contrario, quien alardea de moralidad, perece de inmoralidad.

https://socio-ideas.blogspot.com/2016/03/derecha-e-izquierda-por-giovanni-sartori.html

Se puede ver que dichas definiciones requieren una buena actualizada. Por lo menos en nuestro caso mexicano, la derecha, también identificada con el conservadurismo, pierde aparatosamente las elecciones de 2018 por una “quiebra moral”, por el abuso en sus prácticas corruptas que trajeron otros efectos indeseables pero esperables: inseguridad, violencia, feminicidios, incremento en actividades delincuenciales organizadas desde el poder o en complicidad descarada con el mismo, más pobreza, desmantelamiento y despojo de —y en— instituciones sociales y de empresas propiedad —supuestamente— de todos, y demás que ya padecemos desde hace años. Esa quiebra moral se llevó hasta a la izquierda partidista tradicional, léase el PRD, que llegará en proceso de liquidación a su XXX aniversario, ya que con su pragmatismo oportunista se desdibujó ideológicamente perdiendo su posición en esa parte del espectro político.

Como resultado, la fuerza ganadora que tiene rasgos ideológicos de muchas cosas, una parte de izquierda y otras que se inclinan al otro lado de la geometría política, cuenta con un discurso que la cohesiona: ese virtuosismo y persecución del bien, —englobado en la lucha contra la corrupción— que señala Sartori es el pegamento de tal diversidad de ideas.

Aun así, los intelectuales orgánicos, los grandes empresarios y líderes religiosos beneficiarios de la corrupción, y sus voceros, no tendrán gran problema en coincidir, porque es más fácil hacer a un lado los intereses personales y grupales con tal de recuperar los privilegios perdidos. A menos que las cuentas pendientes entre unos y otros sean tan altas que impidan tenerse el mínimo de confianza como para pactar a futuro, porque habría que repartirse lo que ya no tienen y comprometerse a portarse decentemente como para respetar sus acuerdos. Claro que el problema sigue siendo el mismo: la quiebra moral. ¿Cómo confiar en los que se aprovecharon de la corrupción haciendo a un lado e incluso casi aniquilando a los demás?

De todas formas, no estoy de acuerdo en que se les llame “ternuritas”, son depredadores con los dientes bien afilados y sin ningún tipo de consideración con los otros, ya que a todos consideran sus posibles víctimas. El apelativo presidencial tiene más que ver con que no aciertan a reciclarse y cortar con su ignominioso pasado, se están refugiando en el sindicalismo más ramplón, en los gobiernos estatales donde aún tienen algo qué repartirse, en instituciones que “comparten” presupuesto federal y estatal, en los organismos falsamente autónomos que les sirvieron de parapeto y distracción, pero no hay arrepentimiento, ni remordimiento, ni intención alguna de reconocer los daños causados y repararlos. Por eso el “consejo” de formar escuelas de cuadros con tendencia conservadora no está tan jalada de los pelos, les serviría para renovarse generacionalmente, para recuperar los principios y la ética perdidos en sus cuentas bancarias y paraísos fiscales, en presentar una cara diferente que se desmarque, en algo, de sus usos y abusos.

Pero no son ningunas “ternuritas”, han hecho mucho daño y están dispuestos a seguirlo haciendo, aunque se escuden en “las libertades”, el “libre mercado” y las “buenas costumbres”.

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