UNA VERDADERA REFORMA EDUCATIVA

La reforma educativa cambia de rumbo… esa podría ser una interpretación superficial. Más correcto es decir que ahora sí habrá reforma educativa, porque la anterior fue laboral, punitiva, administrativa en un sentido meramente burocrático y fiscalizador, que comenzó agraviando a los principales agentes de cambio, los profesores.

Lo anunciado por el presidente de la República el 12 de diciembre no es un mero cambio de nombre, es una reorientación profunda en cuanto a la intención, la forma y el fondo, los contenidos, los valores y actitudes, porque lo que hicieron antes los gobiernos neoliberales fue una simulación multimillonaria, que no se sostuvo ni con sus propios indicadores. Vamos a tomar como muestra los resultados de la prueba que mide los aprendizajes en educación básica llamada PLANEA, cuyos resultados fueron dados a conocer unos días antes —27 de noviembre— del cambio en el ejecutivo federal.

De entrada, se establece que dicha evaluación pretende medir los aprendizajes de nuestros niños mexicanos que: «Son fundamentales para el dominio de los conocimientos y habilidades de estos campos formativos —se refiere a Lenguaje y Comunicación y Matemáticas, cumpliendo con dos criterios—. Son relevantes para la adquisición de aprendizajes en otras áreas de conocimiento. Se espera que prevalezcan en el currículo, más allá de las modificaciones que este suele tener a lo largo del tiempo.»

Dicha prueba está diseñada con una escala entre 200 y 800 puntos con una media de 500 establecida en 2015. Los resultados en puntos se agrupan en cuatro niveles: el I y II llamados “insuficiente” y “básico”, el III y IV, llamados “satisfactorio” y “sobresaliente”, que son los esperados si el sistema educativo en conjunto funciona bien. 

Aclarado lo anterior, los resultados para sexto de primaria en Lenguaje y Comunicación son, por niveles y en porcentaje: en I y II suman 82%; en III y IV apenas 18%. En Matemáticas los resultados son: en los niveles I y II, suman 77%, mientras que en los esperados después de seis años de escolaridad básica —sin considerar preescolar porque no se alcanza la cobertura total— son apenas de 23%.

En Lenguaje y Comunicación, arribita del promedio nacional están los estudiantes de educación básica queretanos, con 517 puntos, empatados en el 4º lugar con los estudiantes de Aguascalientes. En Matemáticas, con 515 puntos, los estudiantes queretanos estarían en un hipotético 6º lugar. Pero esto no se traduce en incentivo alguno para el magisterio queretano, tampoco en una retroalimentación oportuna y suficiente para elevar, aún más, su desempeño.

Hay datos muy interesantes que, al parecer, son tomados en cuenta para la propuesta de reforma educativa actual, y que no constituyen sorpresa alguna si se observa el fenómeno educativo en toda su complejidad. Por ejemplo, según Recursos Familiares Asociados al Bienestar (RFAB), el puntaje promedio de los estudiantes marca una diferencia significativa, entre más puntos obtienen las familias en este índice, mejores resultados tienen los niños en el aprendizaje de ambos rubros evaluados, la diferencia es de más de 100 puntos en Lenguaje y Comunicación entre los que tienen pocos recursos familiares y los que tienen más. En Matemáticas la diferencia entre unos y otros llega a ser de 80 puntos.

A pesar de la mayor dispersión de datos, lo mismo ocurre si se compara el índice de Desarrollo Humano de cada estado con el puntaje promedio en ambas áreas de conocimiento obtenido por sus niños en PLANEA; entre mayor sea el primero, mayor es el segundo.

En comunidades pequeñas y/o alejadas de los grandes centros urbanos aún existen las llamadas escuelas multigrado, es decir, aquellas en donde al menos en un grupo se imparte más de un grado escolar. Generalmente se asocian a comunidades llamadas “marginadas” del desarrollo general de una región o de un país. Las diferencias en el aprendizaje también son significativas: las escuelas multigrado muestran resultados consistentemente inferiores a las de “organización completa”, siendo de 43 y 36 puntos la diferencia en las dos áreas de conocimiento evaluadas.

También se consideró otra variable llamada y definida como: «Clima de participación y respeto (que) es cuando los docentes animan a los estudiantes a expresarse, promueven el diálogo y toman en cuenta la opinión de los estudiantes.» Casi resulta ocioso decir que, independientemente del tipo de escuela —Comunitaria, General Pública, Privada o Indígena—, también existe una relación directa, significativa, entre los temas que referimos.

Otros rubros medidos que también impactan en el aprendizaje de nuestros estudiantes de educación básica son: «La expectativa académica (que) es el nivel de estudios al que los estudiantes aspiran alcanzar»; entre mayor sea la primera, más elevada es la segunda. También se mide y relaciona «El compromiso de los estudiantes (que) implica el interés, esfuerzo, atención y persistencia para realizar tareas escolares.»

Para los que critican el programa de Becas Benito Juárez, se comprueba que el puntaje promedio de los estudiantes según condiciones de trabajo infantil y tiempo destinado al mismo es importante. Cuando los niños tienen que ayudar a familiares en su trabajo o negocio o trabajar por cuenta propia o como empleados, sus aprendizajes son significativamente menores a quienes no tienen esa necesidad, por eso el trabajo infantil no es recomendable, pero en un país tan desigual como el nuestro, donde los ingresos de muchas familias no son suficientes con el trabajo de los adultos, numerosos menores tienen que ayudar en las actividades laborales.

Lo peor y quizás más concluyente, en plena aplicación de la mal llamada reforma educativa neoliberal la diferencia en el aprendizaje en tres años, del 2015 a 2018, es de un “avance” de 1 y 3 puntos respectivamente, lo que rebasa con mucho el margen de “error” estadístico, y da vergüenza considerando que el promedio de la escala evaluadora es de 500 puntos. Ni por dónde justificarse.

Por eso urge una verdadera reforma educativa.

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