LA DISCUSIÓN MORAL

Parece una ocurrencia y hasta suena anacrónica. ¿Cómo se le ocurre a alguien proponer una “constitución moral” en plena época neoliberal? Pues precisamente por eso, porque el neoliberalismo actual carece de ética y de moral y su único objetivo es el enriquecimiento rápido y a costa de lo que sea.

Pero de ninguna manera es una idea nueva, como lo muestra la doctora en historia Valentina Torres Septién. Algunos de los más prominentes promotores de la educación en el porfiriato, como Gabino Barreda, Guillermo Prieto y Justo Sierra, consideraban importante la existencia de normas que reflejaran los ideales de una sociedad en transición histórica: «Tanto Barreda como Sierra consideraban al Estado como el agente clave en el proceso educativo. El Estado debía inculcar virtudes cívicas y morales en todos los ciudadanos. Este concepto fundamental del pensamiento comteano y del liberalismo reflejaba la postura de quienes tenían en sus manos el proyecto educativo. Estos ideales no chocaban con un sector de la sociedad que mantenía una mentalidad iniciática imbuida de ideales aristocráticos.»

Gabino Barreda —primer director de la Escuela Nacional Preparatoria y encargado por Benito Juárez para preparar la Ley Orgánica de Educación Pública, decretada en 1867— coincidía en esos aspectos, por ello: «Para Barreda, la educación intelectual del individuo debía llevar a la reconstrucción de la sociedad. Consideraba, como Comte, que el amor, el altruismo y los sentimientos sociales eran el principio de la moralidad. En un ensayo de 1863, Barreda subrayó que si bien el gobierno no debía intervenir en la religión de sus gobernados, “puede y debe intervenir en su educación moral, adecuándola a las exigencias de la sociedad y de la civilización”.»

https://biblat.unam.mx/es/revista/serie-de-historia-moderna-y-contemporanea-instituto-de-investigaciones-historicas-unam/articulo/manuales-de-conducta-urbanidad-y-buenos-modales-durante-el-porfiriato-notas-sobre-el-comportamiento-femenino

Seguramente por esas raíces filosóficas positivistas, la idea de una Constitución Moral —de carácter no obligatorio— propuesta por Andrés Manuel López Obrador no ha sido tan polémica como se podría haber previsto, aunque falta la etapa de propuestas y discusión.

Muchos políticos se pueden morder la lengua, en fechas más recientes a las del ensayo de Gabino Barreda. Específicamente el 7 de marzo de 1983, el entonces presidente de la República emanado del PRI, Miguel de la Madrid, criticaba y proponía: «Estamos pasando por épocas difíciles y dolorosas, los retos que avizoramos son imponentes; pero necesitamos abordar la superación de estos retos con vigor, con imaginación, con talento, y para ello es imprescindible la renovación moral de la sociedad. Una sociedad que tolera, que permite la generalización de conductas inmorales o corruptas, es una sociedad que se debilita, es una sociedad que decae. Y desde luego acepto: la corrupción en el sector gubernamental es la forma más intolerable de inmoralidad social.» 

https://www.proceso.com.mx/133015/la-renovacion-moral-que-propone-de-la-madrid

Y seguía, incluso con la idea de que la corrupción “se barre” de arriba para abajo: «debemos exigir una conducta intachable en los altos funcionarios Se gobierno con el ejemplo, y si bien muchas veces los fenómenos de corrupción se producen a escalones intermedios o inferiores, no cabe duda que muchas veces es producto del mal ejemplo que se da en los escalones superiores de la administración pública, ya sea federal, local o municipal. [...] Las leyes vigentes han sido desbordadas por la realidad y ya no ofrecen bases sólidas para prevenir y sancionar la corrupción que la conciencia nacional exige erradicar. Si la renovación moral de la sociedad que ordena el pueblo de México ha de cumplirse, hay que empezar renovando las leyes e instituciones que tutelan la realización de nuestros valores nacionales.[...] 

Renovar moralmente es seguir el ejemplo de la generación liberal, con Juárez a la cabeza; las conductas paradigmáticas de Zarco, Arriaga, Ocampo, los Lerdo de Tejada, Zaragoza, González Ortega y tantos otros que siempre pusieron por encima de todo el interés de la República como valor supremo de la vida pública y privada. Renovaremos ahora siguiendo a Madero, Pino Suárez, Carranza, Cabrera, Bassols y tantos otros ejemplos de la Revolución que vivieron y transformaron de acuerdo con los valores que postularon. Renovaremos con lo mismo y por lo mismo: el amor y la lealtad a la Patria, el honor personal y nacional, el cumplimiento de la palabra comprometida, el respeto a las leyes e instituciones de la República, y la solidaridad con todos los mexicanos.»

http://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/7CRumbo/1982MMH-FundRenM.html

Pero la idea del nuevo gobierno parece ir por otra vía. Uno de los encargados de dirigir la redacción del documento, Jesús Ramírez, explicó que el objetivo es «hacer un compendio de valores, ideas, que puedan ayudar a la transformación (del país) desde la perspectiva de la moral y la ética [...] como una forma de reflexionar la idea de que para constituir una sociedad incluyente, democrática, libre, necesitamos replantearnos los valores, y que ese trabajo es un trabajo que le toca a la sociedad, al gobierno y a los medios de comunicación. [...] y la idea es hacer énfasis en los valores que puedan ayudar a la transformación del país. Necesitamos volver a recuperar la educación cívica, la ética como parte de la formación educativa y eso también tendrá que ser reflejado a nivel del gobierno, (en) un código de ética de los funcionarios [...] no es una constitución jurídica, no es una ley que vaya a ser obedecida como tal...»

No es un esfuerzo inútil reflexionar sobre los valores que hemos estado dejando de lado por un pragmatismo inútil e injusto; servirá para reestablecer ese tejido social desgarrado, para recuperar formas de convivencia pacíficas ya perdidas, para no desgastarnos en enfrentamientos fratricidas y enfocarnos en vivir bien. No todo tiene que judicializarse, llegar a los tribunales, cuando podemos evitar dañarnos los unos a los otros, siempre y cuando el trato sea recíproco y asumido voluntariamente, porque nos conviene a todos.

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