LOS MONSTRUOS

No elegimos dónde nacer, ni la familia a la que llegaremos, mucho menos sus características; tampoco el momento histórico ni el contexto social. Nuestros padres apenas tendrán un asomo de lo que genéticamente nos heredarán, y la mezcla puede resultar medianamente bien como puede ser un fracaso; pero aun así tendremos que hacernos responsables de nuestros actos, de aprender, con la complicidad, el apoyo y el ejemplo de los que creemos semejantes, eso que se llama humanidad.

El asunto es mucho más complejo de lo que parece y en cualquier momento se puede torcer el rumbo de la vida, dañar a los demás comenzando por los más cercanos, a veces irreparablemente. Hace dos años, por estas fechas, traíamos a estas páginas la opinión de dos estudiosos de esos y otros muchos temas: «Qué seguro y cómodo, acogedor y amistoso parecería el mundo si los monstruos y solo los monstruos perpetraran actos monstruosos. Contra los monstruos estamos bastante bien protegidos, y podemos descansar seguros de que estamos protegidos contra los actos perversos que los monstruos son capaces de realizar y que amenazan con perpetrar. Tenemos psicólogos para vigilar a los psicópatas y sociópatas, tenemos sociólogos que nos indican dónde es más probable que se propaguen y congreguen, tenemos jueces para condenarlos al confinamiento y al aislamiento, y policía y psiquiatras para asegurarnos de que permanecen allí.» Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis. Ceguera Moral. La pérdida de la sensibilidad en la modernidad líquida. 

https://www.planetadelibros.com/libros_contenido_extra/30/29568_Ceguera_moral.pdf

La polémica no tardó en llegar, pero poco ha trascendido; opinadores, columnistas, analistas cuestionaron la utilidad de dar a conocer con todos sus detalles cruentos, las declaraciones del feminicida de Ecatepec. No abona al debate, es tratar el crimen como un espectáculo más, oscurece las causas y evita las posibles soluciones, dijeron. Pero el espectáculo tenía que continuar, el dios “rating” exige más sacrificios en su nombre y ahora conocemos las “confesiones” de ese “monstruo” como se le ha dado en llamar.

Tampoco tardó la revictimización, “eso les pasa por confiados, por no cuidar a sus mujeres y niños, por drogarse, por irresponsables” como si las víctimas hicieran a su victimario y no al revés. Queremos seguir creyendo que es un caso aislado, que no nos representa porque los demás, los “normales”, no seríamos capaces de hacer eso. Desde otros ámbitos se piensa lo mismo, pero se van al extremo: la culpa no es del hombre, tampoco de las instituciones que fallan en desarrollarnos como mejores seres humanos, que no detectan las desviaciones graves que dañan a los demás, a los más indefensos, a los que confían en la igualdad o superioridad moral de sus abusadores. Y entonces aparecen los demonios como una falsa y cómoda explicación de nuestras fallas, de nuestra humanidad fallida, de los valores que pregonamos pero no ejercemos, de esas divinidades vengativas y ciegas en las que creemos cuando nos conviene.

Lo mismo hacemos cuando pretendemos olvidar que nuestra especie, al igual que todos los demás seres vivos, es migrante. No hemos explorado y explotado el planeta quedándonos quietos, siempre buscamos estar donde mejor podemos hacerlo y nos movemos continuamente, apenas la aparición de las fronteras impide en algo ese flujo constante entre territorios, pero huimos de las guerras, de las desigualdades sociales buscando en otro lugar mejores oportunidades, de las sequías y de las inundaciones, de las plagas y enfermedades, de los peligros e intolerancias que nos convierten en inocentes víctimas de cualquier atrocidad. Por eso es una estupidez inhumana castigar la migración sin atender sus causas, sin resolver los problemas que la provocan, nadie tiene derecho a impedir que los otros busquen vivir mejor utilizando la violencia. La caravana de más de dos mil migrantes hondureños que tanto enoja al copetudo del norte —hijo de migrantes y pensante de monstruosidades— es apenas el anuncio de un problema que lleva décadas sin quererse ver y resolver, los europeos también lo saben, es un fenómeno mundial que no se detendrá hasta que haya las condiciones mínimas para todos para vivir dignamente, sin las insultantes desigualdades que se ahondan y solo convienen a unos cuantos.

Allí están nuestros monstruos, también están las posibles soluciones para evitarlos, prevenir que se sigan desarrollando nos corresponde a todos, aunque no con el mismo grado de responsabilidad, pero tampoco se vale la indiferencia, quedarse en el mero escándalo para olvidarlo en cuanto surja algo más terrorífico para asombrarnos y negar nuestra maldad, en lugar de ocuparnos en desarrollar nuestra humanidad.

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