SE SOLICITA TROVADOR

Hay que imaginar que un país diferente es posible, hay que contagiar esas ansias por cambiar, hay que convencer que vivir con miedo no es normal, que se pueden resolver los problemas sin recurrir a la violencia intrafamiliar o en el noviazgo, que el romanticismo y el amor no combinan con los golpes o las humillaciones cotidianas, que es deseable y alcanzable estudiar lo que los talentos personales indiquen, que se puede envejecer con dignidad porque podemos construir un sistema de jubilaciones y pensiones justo y remunerador, que ser joven no es sinónimo de delincuencia, que ser indígena o profesar una creencia religiosa diversa a la de la mayoría no significa ser inferior, que podemos sacudirnos el temor a ser víctimas de quien cree ser impune porque ya no lo será; hay que valorar lo que tenemos y ser solidarios con los demás.

La lista se antoja interminable, pero es que lo que hay que modificar parece tampoco tener fin. Imaginar una forma diferente de amar que haga imposible un feminicidio implica derrotar machismos ancestrales que ahora se disfrazan de simple seguimiento de reglas o de respeto a tradiciones. El conservadurismo mexicano a veces se encubre de moral y buenas costumbres, de “mejor malo conocido que bueno por conocer”, no por nada somos el país de las quesadillas sin queso o del chile que no pica. Queremos que las cosas cambien pero que lo hagan otros, para nosotros seguir siendo igual de gandallas.

Las sociedades que intentan cambios urgentes y radicales —esto último no por violentos, sino porque se llegó a una situación insoportable que todo contamina—, recurren a construir su propia narrativa, a esparcir las nuevas ideas a través del arte porque, como decía el poeta Dante Alighieri, la belleza es el adorno de los argumentos, de las razones, de los sentimientos y emociones, y el arte tradicionalmente trata con la belleza.

La llamada “poesía social” armada de música se convierte en esa trova latinoamericana que le canta a los pueblos necesitados de cambios. No se puede pensar en la dilatada democracia chilena sin Salvador Allende e infaltables cantautores populares como Víctor Jara, la inolvidable Violeta Parra, el físico, matemático y antipoeta Nicanor Parra, el poeta Pablo Neruda. La esperanza uruguaya parece proyectarse en Mario Benedetti, en el genial Jorge Drexler. La todavía convaleciente Argentina, víctima de todos los abusos posibles que se les ocurre a las dictaduras militares, se piensa con Jorge Luis Borges, con la sensibilidad de Alfonsina Storni, con León Gieco, con la potente voz indígena de Mercedes Sosa, con el cotidiano Alberto Cortez, con el persistente rock en español… podríamos seguir país por país de nuestra sufrida Latinoamérica y sus venas abiertas, como dijera el nacido uruguayo Eduardo Galeano, todos tienen figuras qué presumir, esos que lograron en buena medida romper el cerco de la censura, del comercialismo necesariamente barato pero con un control férreo sobre los medios de difusión artística.

Se dice y puede que haya algo de verdad, que esa poesía social en español tiene un primer impulso, por lo viejo y por la intervención de la naciente potencia militar nazi, en la España inmediatamente anterior a la segunda guerra, pero ni el franquismo pudo callar a poetas, compositores y cantantes, hasta acá nos llegaron Antonio Machado, Joan Manuel Serrat, Víctor Manuel San José, Luis Eduardo Auté, Joaquín Sabina y todos con los que su memoria contribuya. Todos aportando una forma alternativa de ver la vida, de proponer relaciones sociales fundadas en el respeto a la diversidad, en el reconocimiento del otro, en la solidaridad y la pelea contra las desigualdades sociales. Por una democracia diferente, diaria, en todos los ámbitos.

La terquedad cubana sería imposible sin sus trovadores, los que conocemos desde hace décadas y seguimos cantando: Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Sara González, Amaury Pérez, en el poeta que les sirve como antecedente y maestro: José Martí; la negritud presente en Nicolás Guillén y tantos otros.

No pretendo una revisión exhaustiva, no me alcanza la vida para conocerlos a todos, faltan muchas mujeres que estuvieron en todo este proceso, pero librar la censura y el machismo es un doble candado que no siempre se pudo romper.

¿Dónde están los trovadores mexicanos? Indudablemente existen, llevan décadas componiendo, cantando, presentándose donde quiera que les abran los espacios, los micrófonos, a contracorriente de una cultura que en muchos casos sigue creyendo que escribir, tocar magistralmente un instrumento musical, componer cualquier canción que cuestione nuestro conservadurismo mocho, macho e hipócrita, no es profesión decente. El duopolio televisivo y radiofónico ni los pela, prefieren hacer negocio con pseudo “estrellas” extranjeras o locales desechables, pero, hoy más que nunca su voz, la de esos trovadores para seguirles llamando así, y su música, resultan necesarios, porque su visión es diferente y crítica, porque proponen de una manera amable formas cotidianas de ser mejores seres humanos.

No nos va a alcanzar con cambiar las instituciones, barrer la corrupción como se barren las escaleras, de arriba hacia abajo necesita que nos dejemos de tranzas en las planta baja, que cambiemos nuestra cotidianidad, de otra forma se perderá el tiempo, el esfuerzo, se agotará la esperanza y perderemos irremediablemente el futuro que imaginamos mejor y disfrutable.

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