LAS RESISTENCIAS

Los cambios generan resistencias, vencerlas tendrá que generar nuevos equilibrios, pero mientras, la incertidumbre de algunos quiere convertirse en el pánico de muchos.

Eso pasa cuando nos creemos el discurso de que estamos donde estamos no por méritos propios sino porque alguien nos hace el favor de ponernos allí. Y sí ocurre en algunos casos, pero son los menos, los de los que sin saber nada o poco se valen de sus “influencias” para ocupar un lugar que no les corresponde, para ganar un sueldo que no se merecen, para gozar de una vida que no les toca. Pero la mayoría no tiene por qué sentirse así, romper con esa visión que subordina, que produce miedos sin sentido, no es fácil, y sin embargo lo estamos haciendo.

El tamaño real del miedo está en ese 1.8% de altos funcionarios de la burocracia federal que ganan más que el tope de ingresos propuesto; está en ese pequeño pero todavía poderoso grupo de empresarios, capos de la delincuencia, dizque líderes sociales y religiosos que sienten en riesgo sus lujos y prebendas. Ese minúsculo porcentaje intentará crear el pánico e incrementar la resistencia a los cambios.

Más de 30 millones de votos es un buen capital político para comenzar los cambios, aunque el lenguaje financiero simplifica en exceso lo que socialmente significa. Otra comparación que busca encontrarle sentido a los resultados del primero de julio, del exrector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente, es que “votar fue terapéutico” para muchos que nos sentimos agraviados por una casta política insensible, depredadora y muy corrupta, que atenta directamente contra nuestra seguridad individual y colectiva, que nos roba el presente y vuelve imposible un futuro digno.

Las resistencias están en todas partes y se expresan crudamente en diferentes momentos. Allí está el “partido oficial” que no acierta a hacer un buen diagnóstico porque se lastima a esa “mafia en el poder” que quiere seguir gobernando. Pero, aprovechando la frase de Stendhal, —«Jesús Reyes Heroles veía en el PRI un punto de apoyo para el Estado porque seguía prevaleciendo como una base real de poder. Lo que resiste apoya, solía decir (hace poco más de 180 años, Stendhal formuló la idea del siguiente modo: “On ne s’appuie que sur ce qui résiste”: Uno no se apoya sino sobre lo que resiste)« Arnaldo Córdova, “El nuevo viejo PRI”, http://www.jornada.com.mx/2013/03/10/opinion/012a1pol—, resignificada por el último ideólogo del PRI, nos convendría a todos, no solo a ellos, recordar algo del pasado reciente, de apenas el año de 1972, cuando todavía no se disfrazaban las cosas con el lenguaje intelectualoide y neoliberal:

«Junto a los viejos cacicazgos hay un nuevo caciquismo: aquel en que se da perfectamente clara la simbiosis entre poder político y poder económico. Si, como antes dijimos, en todo cacicazgo hay algo de económico y algo de político, en el nuevo cacicazgo la simbiosis se ve claramente: dos poderes, el económico y el político, alimentándose entre sí, apoyándose uno en el otro. Es la modernización y el perfeccionamiento del viejo cacicazgo. El primitivismo, lo rudimentario ya no se da en esta nueva forma política; ella no se funda en el aislamiento ni en la ajada libreta donde figuran los deudores; maneja el crédito en grande y discrimina, al otorgarlo, de acuerdo con propósitos políticos; emplea el dinero en publicidad, en buscar apoyos, comprar o seducir influencias, aprovechando y fomentando la corrupción; ofreciendo créditos baratos a líderes o funcionarios, a dirigentes o militantes, negándoselos a los adversarios y otorgándoselos a los que pueden conseguir votos. [...] Tenemos que luchar, y así lo estamos haciendo, simultáneamente contra el viejo y bronco cacicazgo tradicional y contra el nuevo cacicazgo, el de la mezcolanza poder político-poder económico, A los compañeros les decimos que tan malos como los presta-nombres de inversionistas extranjeros son los prestanombres políticos, los testaferros del cacique. Tan perjudicial como el cacique es el que se deja caciquear y al hacerlo rebaja la investidura que ostenta. [...] Es la hidra con las siete cabezas que renacen a medida que se cortan y en que es imposible cortar las siete de tajo. Por lo consiguiente, cuando exhortamos a luchar contra el caciquismo, exhortamos a una lucha permanente, a acabar con los cacicazgos y a evitar que vuelvan a surgir. Siendo una anomalía política, tiene la resistencia de los monstruos. [...] Reiteramos: no queremos luchar con el viento, con el aire; lo que resiste apoya. Requerimos una sana resistencia que nos apoye en el avance político de México.» 

Discurso pronunciado por el presidente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional, en el Teatro “Morelos” de la ciudad de Aguascalientes, el día 6 de diciembre de 1972. Jesús Reyes Heroles https://es.wikisource.org/wiki/Discurso_de_Jes%C3%BAs_Reyes_Heroles_ante_los_miembros_del_Partido_Revolucionario_Institucional

En esas estamos, la urgencia por proponer los cambios es para ganarle espacio a las resistencias y a los que se dan por resentidos sin serlo. A instalar una “normalidad” donde se pierda el miedo a hacer las cosas de manera diferente, a no pelear por los privilegios ajenos sino por la defensa de los derechos propios y colectivos. A mirar al otro como aliado y no como falso enemigo.

No va a ser fácil, porque esa “hidra de siete cabezas” como metafóricamente la llamaba ese dirigente nacional del PRI, quiere sobrevivir más que los dinosaurios.

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