SÁLVESE EL QUE ENTIENDA

La pelea ya no es entre partidos o candidatos, es por seguir aceleradamente hacia el fondo —sin saber dónde está— o intentar un cambio de rumbo para aminorar el trancazo e intentar un rebote. Por eso nuestros “intelectuales” no dan pie con bola al momento de sus sesudos análisis, no se resignan a que su influencia es casi nula e insisten en interpretar la realidad con modelos de democracias que no existen más que en su imaginación —y son poco imaginativos—.

Ante las amplias brechas en las preferencias electorales de los candidatos presidenciales lo mejor es enconcharse, al menos es el ánimo que corre en los estados y en los municipios con mayor presupuesto federal. No tiene caso enemistarse con quien vaya a ganar la presidencia, porque “convivir” por tres o seis años con quien declaraste tu enemigo puede no ser lo que la prudencia y la sobrevivencia política aconsejan. Mejor guardar los recursos, la influencia, la compra de votos para mis candidatos, los de mi terruño, quienes me deberán el favor y tendrán que apoyarme en lo que se ofrezca, mejor eso que invertir en una batalla que puede estar perdida. Ese es el efecto que ya se nota en algunos lugares del país. Hay que recordar que, como producto de las reformas políticas, los estados y los municipios más grandes o con mayor peso político y económico, han funcionado como feudos para una casta casi familiar que se distribuye el poder político, económico, empresarial y hasta religioso.

Pero hay un problema. En nuestro país el voto diferenciado no suele ser quirúrgico y el efecto de arrastre de las candidaturas más pesadas puede distorsionar los planes del más pintado estratega electoral, y ese efecto puede disolverse si la mayoría de los candidatos responde a la misma lógica —en este caso del neoliberalismo depredador que padecemos— y pertenecen, sin necesidad de hacerlo explícito, al mismo grupo familiar o de poder.

Cómo estarán las cosas que lo impensable comienza a suceder; el candidato más oficial no ha contado con la sincronía de su otrora aliado ideológico. El señor Trump sigue sin reconocer el tremendo favor que le hizo Peña Nieto y su aprendiz de canciller al darle trato presidencial cuando apenas era candidato, ese empujón fue significativo, aunque se hagan los occisos; para complicar las cosas, el candidato de la “derecha socialista”, por aquello de que va en alianza con los restos del PRD, pierde también su principal apoyo, el gobierno corrupto de Mariano Rajoy en España cae estrepitosamente. Para aumentar la mala suerte, la selección de los empresarios mexicanos de futbol se enfila a otro campeonato mundial mostrando las carencias de un deporte profesional sumido en la crisis nacional. Ni para donde hacerse.

Bueno, hasta sectores del poder judicial contradicen la “verdad histórica” del caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa y exigen se reponga la investigación, dejando en claro que hasta en ese poder hay quien sabe que las declaraciones de supuestos testigos y presuntos culpables se obtiene mediante torturas, lo que ha sido denunciado continuamente por ONG’s nacionales y organismos internacionales de amplio prestigio.

Mientras, dándole la razón a quienes urgen por un cambio en la política social y de seguridad, decenas de candidatos han sido asesinados, se ha atentado contra su vida aunque salieron vivos o están amenazados, lo que rebela que el peor diagnóstico ya dejó de serlo para convertirse en parte de nuestra absurda realidad: el crimen organizado ya no se contenta con forzar arreglos con las autoridades constituidas, ahora pretende reemplazarlas con los suyos, los de su grupo, o por los que por omisión, comisión o miedo se convierten en sus cómplices. En el río revuelto no se detienen los asesinatos y el encarcelamiento de dirigentes sociales que se oponen a la tala inmoderada, a la minería a cielo abierto destruyendo y contaminando bosques y ríos, a los defensores de los sitios sagrados indígenas, a los que se oponen a la privatización del agua. Los feminicidios no se detienen, van al alza y muestran la verdadera cara de una sociedad machista que se resiste a los cambios, a considerar el respeto a los derechos humanos para todas y todos, no se quieren cuestionar los usos y costumbres que hasta raigambre religiosa se les atribuye.

Los empresarios tampoco muestran un frente común. Algunas cúpulas amenazan y otros se desmarcan dejando en claro la falta de representatividad de quienes quieren hablar por todos. ¿A poco los monopolios del pan, de las tortillas, de las bebidas azucaradas y de la comida chatarra, de internet y la telefonía, de la televisión abierta y de paga, de las tiendas de conveniencia, de la banca van a renunciar a un mercado cautivo? ¿A quién le van a vender sus mercancías y servicios malos y caros, a los noruegos, a los finlandeses, a los chinos? Además, el trabajo hormiga de reunirse con fondos de inversión y empresarios chicos, medianos y grandes, aclarando puntos importantes que todavía caben en la agenda neoliberal —porque no puede haber un cambio radical, como muchos desconocedores pregonan—, pero con el candado anticorrupción, ha disuelto esas supuestas muestras de alarma. Es más, los precios están desbocados y el peso cayendo, rompiendo sus propios récords mucho antes del cambio de gobierno, como efecto, todavía, de los actuales desajustes económicos y sus corrupciones.

En fin, la señal que cunde es la de sálvese el que entienda, porque el apocalipsis no está en el cambio, sino en seguir el mismo camino que nos presentan como el único posible, aunque no sea cierto.

Visto 425 veces