NO SOMOS LOS DE ANTES

No es lo mismo. La bufalada no distingue matices, simplemente carga de frente sin importar nada: los destrozos que provoque le tienen sin cuidado, es ciega porque simplemente va detrás de la cola del que va adelante, sin importar si va directo al precipicio, el chiste es sentirse parte de eso que levanta impresionante polvareda y aterroriza por breves instantes. No importa que se atropelle a los más lentos, no importa que se ignore a los sabios de la manada, no importa que se reviente contra el suelo a los que resbalan o tropiezan, tampoco si por la estupidez colectiva todos acaban malheridos o muertos. No embisten porque se sienten poderosos, sino porque huyen de lo que los atemoriza y hace correr sin miramientos. Es una huida, no un avance ni conquista.

Ocuparse de la precandidatura presidencial de la tercera fuerza electoral actual del país parece una ociosidad; no lo es por varias razones. La primera es que los intereses que representa su posible candidato están presentes en el resto de las fuerzas políticas. La partidocracia mexicana tiene más en común que sus posibles diferencias, aunque sigan aparentando desavenencias ideológicas que, en el fondo, ya no tienen. Y es que ese “fin de la historia” proclamada por el neoliberalismo los ha igualado en sus ambiciones, ya no importa quién defienda lo poco que queda de soberanía, tampoco garantizar la seguridad de los ciudadanos, mucho menos trabajar por incrementar el nivel o la calidad de vida de trabajadores, obreros o campesinos; mucho menos meterse en broncas por disminuir las desigualdades sociales.

Total, el catecismo neoliberal dice que cada uno tiene lo que se merece, lo que individualmente le toca. Retrocedimos más de 2 mil años, ahora el destino, disfrazado de libre mercado, donde todos somos mercancías y no seres humanos, determina lo que será de nuestro futuro por varias generaciones. La brutal concentración de la riqueza en pocas manos, que es consecuencia de la inhumana pobreza del 99% de la población restante, seguirá siendo vista —por el 1%— como deseable, como legal, como moralmente aceptada y divinamente normalizada.

Segundo. El destapado priista aspira a ser el representante de esos intereses que no acostumbran a dar la cara; ¿para qué si siempre hay quienes estén dispuestos a recibir los mamporros por unas cuantas migajas? Lo peor es que esas mayorías depauperadas, indignamente tratadas como carne de urnas, llegan a creer que los intereses de esas privilegiadas minorías son también los propios, y los apoyan, los justifican, los protegen hasta con su vida y su credencial de elector.

Tercero, hasta el momento, el pasado mes de octubre ha sido el mes más violento del año más violento, por lo menos en lo que va del siglo 21. Podemos asegurar que las víctimas de tanta inseguridad, de tanta violencia, de tanta corrupción, no se quedarán pasmados. Es cierto que el miedo paraliza, pero no por siempre. En cuanto el miedo se convierte en indignación las reacciones son impredecibles. 

Ya no es el miedo de la bufalada que no sabe a qué le huye, es la ciudadanía indignada que sabe, porque lo sufre, que los millonarios robos —“desvíos” les dicen—, la quiebra financiera de instituciones públicas —los sistemas educativos de los estados, por ejemplo—, la descarada impunidad, las desapariciones, la trata de personas, los feminicidios, los levantados, los ejecutados, las extorsiones, los secuestros, los homicidios, la represión, la devastación de los recursos humanos y naturales, tienen causas, tienen nombres y apellidos, tienen una partidocracia que los protege, tienen a las supuestas fuerzas de seguridad trabajando para ellos, tienen secretarías e instituciones, como la de hacienda y crédito público, que sabiendo lo que hacen no los investiga, mucho menos los encausa para ser castigados. Tienen tribunales, organismos electorales, fiscalías, un sistema educativo cómplice al que no le interesa formar ciudadanos, y que solo sirven para taparse los unos con los otros.

La escalada violenta que ha provocado cientos de miles de víctimas no puede permanecer fuera de la ecuación electoral, el voto de castigo será un componente importante que no se atreven a medir bien, prefieren invisibilizarlo a ver si en realidad desaparece. Pero tanto agravio producirá sus efectos.

Para el 8 de diciembre está programada la gira por Querétaro de la representante del Concejo Indígena de Gobierno, María de Jesús Patricio Martínez; lo deseable sería que los protagonismos de esa supuesta izquierda vociferante, enquistada en movimientos sociales de su exclusiva propiedad, dejaran espacio para nuevos liderazgos, para formas diferentes de hacer política, que no revienten, desde dentro, la esperanza de que otro país es posible. Aunque no logre las más de 800 mil firmas de ciudadanos con credencial de elector que apoyen su registro.

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