CADA UNO EN SU LABERINTO

Conocen las mañosas reglas del juego y aun así decidieron acatarlas, no se vale reclamar engaño.

Los suspirantes a una candidatura presidencial “independiente” apenas se enfrentan a su primer desafío, y todos —algunos más que otros—, corren el riesgo de quedarse sin alcanzar su meta. Es que lograr más de ochocientas ochenta mil firmas de ciudadanos con credencial para votar vigente no es cualquier cosa, porque además no se pueden repetir por lo que, si usted simpatiza con más de uno, tendrá que decidirse por cuál sí y por cuál no. Y eso si tiene acceso a alguien con la aplicación correspondiente para capturar su apoyo y simpatía, sin que eso signifique compromiso para votar en ese sentido en julio del 2018.

Pero eso de “independiente” también tiene sus asegunes. Para empezar, los punteros hasta el 19 de noviembre eran los dos personajes con largos antecedentes partidistas, uno el autoproclamado “Bronco”, llamado por sus progenitores como Jaime Rodríguez Calderón llevaba 253,570 firmas conseguidas; la otra, la liberada panista Margarita Zavala alcanzaba 176,143. A ese ritmo y de no conseguir la ayuda divina de alguna de las estructuras partidistas que les “preste” militantes para acelerar el ritmo, ninguno aparecerá en las boletas presidenciales. Y reforzamos la idea de que no hay engaño en las tramposas reglas del juego, destinadas a proteger a la partidocracia gobernante, ambos punteros tienen contactos en sus respectivos expartidos y seguramente hasta opinaron al respecto antes de echarse la aventura en, aparentemente, solitario. Dicen los malpensados que, de fortalecerse la estrategia de división del voto, el gobierno y su partido tricolor asegurarán que Margarita Zavala alcance las firmas necesarias, para debilitar la candidatura lopezobradorista y al llamado Frente Ciudadano por México, este último formado por las burocracias partidistas del PAN y PRD —que existen separados porque justifican una visión ideológica y programática que se presume diferente, aunque pragmáticamente la similitud es evidente—, con sus pequeños satélites.

Lejecitos de esos dos les sigue Armando Ríos Piter, con antecedentes en diferentes secretarías durante los gobiernos federales del PRI y del PAN —incluso fue asesor de José Ángel Gurría cuando fue secretario de hacienda y crédito público, y subsecretario de la SRA con Florencio Salazar en el sexenio foxista— y recalar en el PRD, de quien se “independiza” después de ser diputado federal y actualmente senador.

Del que sigue mejor ni hablar. Salinista con Salinas. Zedillista con Zedillo. Foxista con Fox. Calderonista con Calderón. Encuentra la luz ciudadana después de ser exhibido en los medios de comunicación masiva en una de sus repetidas incongruencias, y todavía hay quien le cree.

La última aspirante independiente es la que mejor perfil ciudadano tiene, pero esa es su principal desventaja, porque no ha estado expuesta a los poderosos medios de comunicación masiva y pocos la conocen. María de Jesús Patricio Martínez es una mujer indígena nahua que practica la medicina tradicional, electa por el Consejo Nacional Indígena y con la enorme tarea de promover una visión diferente de lo que debe ser la actividad política pública, en donde las luchas y demandas de nuestros pueblos originarios son parte esencial. Desafortunadamente esas “reglas del juego” con que comienza el texto, están diseñadas para sabotear cualquier posibilidad de que una potencial candidatura ajena al aparato de los partidos pueda tener éxito, por lo menos en lo electoral. En la fecha señalada —19 de noviembre— llevaba 45,818 firmas registradas, faltándole 820,775, algo casi imposible de lograr.

Si entre las intenciones detrás de su aspiración está el evidenciar el grave rezago y desigualdad en la competencia disque democrática, seguramente lo podrá hacer, pero, al mismo tiempo, ese éxito quedará reducido al conocimiento de las comunidades y genuinos simpatizantes de una forma diferente de pensar, de los que creen que hay salida posible a las múltiples crisis en que nos ha metido este turbo capitalismo, al grado de atentar seriamente, y en el corto plazo, con la sobrevivencia de la especie humana en este planeta, con la terrible secuela de eventos que eso acarrea. 

El canibalismo delincuencial que estamos padeciendo —jodidos robando, secuestrando, desapareciendo, traficando jodidos—, no estorba, quizás hasta facilite, el crecimiento desenfrenado del consumo irresponsable —el pasado “buen fin” sería nuestra versión naca de ello—, del fatalismo individualista, del vernos unos a otros como simples mercancías que hay que explotar y desechar, de la falsa solidaridad convertida en anual show televisivo. Porque hasta cuando algún rico es víctima, es porque sus guaruras, mal capacitados y peor pagados, meten la pata, no porque sufran de la delincuencia que, en el mejor de los casos, no les interesa combatir porque no les afecta como clase.

Como una prueba más, allí están los datos oficiales —que ignoran el panorama completo, porque es tal la falta de confianza ciudadana en las autoridades, que no se denuncian todos los hechos delictivos—, que muestran que el pasado mes de octubre ha sido el más violento en las dos décadas recientes, quedándonos con la sensación de que esta violencia desbocada no tenga precedentes más antiguos porque no hay registros de ello. Son 2,764 asesinatos que se suman en las averiguaciones previas levantadas en los ministerios públicos del país en solo 30 días, si a eso le sumamos los demás delitos, denunciados o no, cualquier novela negra y de terror se queda como simple anécdota. Tampoco hay que olvidar que cada agresión contra la seguridad de las personas o su patrimonio tiene múltiples víctimas que padecen graves secuelas. Con una ciudadanía permanentemente aterrorizada y victimizada, cualquier aspiración democrática es una mala caricatura de lo que presume nuestra casta política para eternizarse en el poder.

Y así vamos a llegar, si es que llegamos, al primer domingo de julio del 2018.

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